Anthony Davis llegó de manera inesperada a Washington Wizards, pero ya confirmó que estará presente en el equipo de la capital estadounidense en la próxima temporada. Ahora bien, a largo plazo, la incógnita es mayúscula. El ala-pivote estrella, que llegó en febrero tras un intercambio de ocho jugadores con Dallas, habló con los medios este lunes en la conferencia de fin de temporada y dejó frases que mezclan optimismo con realismo tras una campaña catastrófica.
«Sí, estoy bajo contrato», dijo Davis con una risa cuando le preguntaron sobre su futuro en Washington, según reportó ESPN. «Amo mi dinero». La broma esconde una verdad más profunda: Davis, de 33 años, sabe que tiene al menos un año más en una franquicia que acaba de terminar con el peor récord de toda la NBA.
Los Wizards terminaron la temporada 2025-26 con una marca de 17-65, no solo la peor de la liga esta temporada, sino también su tercera campaña consecutiva con 64 derrotas o más. Un desastre en toda regla que pone en perspectiva el desafío que enfrenta Davis, un jugador que conoce lo que es ganar un título y que ahora se encuentra en el extremo opuesto del espectro competitivo.
El mensaje de La Ceja: Washington no es tan malo como parece
Lo interesante del discurso de Davis es que no sonó derrotista ni mucho menos. El experimentado ala-pivote se mostró sorprendentemente positivo sobre lo que encontró en Washington, una franquicia que no fue precisamente el destino soñado para las estrellas en los últimos años.
«Cuando sucedió el intercambio y llegué aquí, dije que este lugar no es lo que la gente hace parecer», afirmó Davis. «Es un testimonio de la organización, el cuerpo técnico, los jugadores, todos aquí. Quiero poder divertirme donde estoy. Quiero poder competir donde estoy. Quiero poder aprender donde sea que esté, y esta organización tiene eso».
Palabras que suenan casi a declaración de principios o, quizás, a un intento de convencerse a sí mismo de que tomó la decisión correcta al aceptar su situación en Washington. Davis llegó a los Wizards en febrero junto a otros siete jugadores involucrados en el intercambio con Dallas, aproximadamente un mes después de que la franquicia también adquiriera al base Trae Young desde Atlanta. Aunque de manera muy rápida quedó fuera de juego por lesión.
La dupla Davis-Young debía ser, en teoría, el inicio de una nueva era para Washington. En la práctica, no alcanzó para sacar a los Wizards del sótano de la liga, pero tampoco tuvieron minutos en cancha. Pero Davis parece creer que hay piezas para construir algo mejor.
La realidad que nadie puede ignorar
Por más optimista que intentara sonar, Davis también mostró que entiende perfectamente la magnitud del desafío. Y aquí es donde su experiencia de 12 temporadas en la NBA salió a relucir con claridad.
«Sé que tenemos muchos chicos jóvenes, pero como dije, lo mencioné sobre los jóvenes: lo talentosos que son. Agregar a Trae y a mí mismo puede ayudar a cambiar eso», explicó Davis. «Pero también entiendo que he estado en esta liga mucho tiempo. He estado en equipos perdedores, y es muy difícil ser un equipo perdedor y luego un contendiente al campeonato».
Ahí está la clave. Davis sabe de lo que habla. Ha vivido ambos extremos de la NBA y comprende que el salto de 17 victorias a la relevancia competitiva no se da de un año para otro, por más talento joven que tengas en el roster. La llegada de Young a Washington generó expectativas que claramente no se cumplieron en lo inmediato.
El ala-pivote también reveló que ha estado recuperándose de un esguince en un dedo de su mano no hábil desde el 8 de enero, lo que añade otra capa de complicación a una temporada que ya fue suficientemente complicada para todos en Washington.
¿Qué viene ahora para Davis y los Wizards?
Davis dejó claro que planea reunirse pronto con la gerencia de los Wizards para discutir el futuro y el plan de la organización para construir un contendiente. «Ellos saben que quiero ganar», dijo. «Estoy seguro de que ellos también quieren ganar. Nadie quiere perder».
La declaración parece obvia, pero en el contexto de una franquicia que acumula tres años de más de 64 derrotas, no está de más recalcarla. Davis quiere saber qué viene, qué movimientos se harán, qué plan existe más allá de confiar en el desarrollo de los jóvenes.
Para Washington, mantener a Davis comprometido y feliz es crucial. A sus 33 años, sigue siendo un jugador de élite cuando está saludable, y su presencia junto a Young podría ser la base sobre la cual construir. Pero el reloj corre, tanto para Davis como para una franquicia que necesita desesperadamente mostrar progreso tangible.
La próxima temporada dirá mucho. Davis estará ahí porque su contrato lo obliga, sí, pero también porque parece genuinamente interesado en ver si Washington puede darle las herramientas para competir una vez más. Lo que pase después de ese año, sin embargo, sigue siendo un misterio que ni el propio Davis parece capaz de resolver por el momento.