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05/01/1988

Crónica del último día en la vida de Pete Maravich

El 5 de enero de 1988, Pistol Pete falleció de un ataque cardíaco en la cancha de básquet de una iglesia ubicada en Pasadena, California.

Pete Maravich New Orleans Jazz
Pete Maravich tenía 40 años, y se había retirado a los 33 del deporte profesional (FOTOGRAFÍA: gentileza Sportscasting).

El 5 de enero de 1998, Pete Maravich se preparó para jugar un partido de básquet en el First Church of the Nazarene. La iglesia está ubicada en Pasadena, la ciudad de California, y hasta el día de hoy cuenta con las mismas instalaciones de la cancha de básquet que se utilizó aquel trágico día.

“Pistol Pete” frecuentaba en ese momento el First Church of the Nazarene porque participaba activamente de las actividades comunitarias. A sus 40 años, la leyenda de la NBA en la década de 1970 encontró en el cristianismo un estilo de vida que lo motivó a ejercer las ideas de la religión. Daba charlas junto con el doctor James Dobson, no solo en dicho lugar, sino también en varias capillas del estado californiano.

De esta manera, supo dejar atrás siete años de incertidumbre, miedos y depresión, en los cuales recurrió constantemente a las bebidas alcoholicas. Su objetivo era encontrar una forma de canalizar esos sentimientos, después de su retiro de la mejor liga del mundo en 1980. Las lesiones afectaron su rendimiento en las últimas temporadas, por lo tanto tuvo que colgar las zapatillas a los 33 años.

A partir de ahí, Pete Maravich inició una constante lucha en búsqueda de una nueva etapa de vida que lo motive y que le proponga nuevos desafíos. La espiritualidad fue un mecanismo de defensa y de plenitud en un momento crucial en la historia de un jugador profesional que intenta continuar con las aventuras después del retiro. De hecho, tenía programada para esa semana una participación en un programa cristiano de una estación radial de la ciudad.

Su intención era hablar sobre el camino que transitó tras su retiro de la NBA. Los momentos adversos, que lo hundieron en la depresión y el alcoholismo, hasta su conversión al cristianismo, como una salida sana y natural. Y a partir de ahí, mostrar el inicio de una vida más prometedora en lo que era una nueva etapa de su paso por el planeta Tierra.

SU RETORNO AL PARQUET

A su vez, Pistol Pete decidió retomar su pasión por el deporte que practicó desde chico, luego de unos años sin actividad como consecuencia del retiro y de la difícil situación que atravesó en el plano personal. El doctor James Dobson lo invitó a formar parte de los partidos que jugaban en la cancha del First Church of the Nazarene, en Pasadena (California). Ahí participaban personas de diferentes profesiones, pero que los unía el mismo amor por la pelota naranja.

Maravich estuvo unos años sin jugar debido a las constantes lesiones que sufrió en su etapa final como jugador profesional. Su estadía en la mejor liga del mundo duró apenas diez temporadas, a raíz de los inconvenientes físicos que le impidieron tener el mismo rendimiento que en el torneo universitario. Es más, llegó a romper récords increíbles durante sus tres campañas en la NCAA.

Luego, supo cambiar la manera de vivir la NBA durante sus aventuras en Atlanta Hawks (1970 a 1974) y New Orleans Jazz (1974 a 1980). De todos modos, su estilo de juego vistoso y entretenido no le permitió levantar el trofeo Larry O’Brien, ya que no llegó a formar parte de planteles con aspiraciones a conquistar el campeonato. Y cuando pasó a Boston Celtics en 1980, su estado físico le dijo basta. Ni siquiera pudo aguantar hasta la época legendaria en la que el conjunto de Massachusetts se consagró de la mano de Larry Bird.

Pero un tiempo más tarde, Pete Maravich decidió regresar a las canchas por el simple hecho de divertirse jugando al deporte que siempre le gustó desde pequeño. Y por eso, se presentó al encuentro que se realizó el 5 de enero de 1988, en la iglesia situada en Pasadena.

Me encantaba jugar, e invitar a Pete fue una de las cosas más audaces que he hecho en mi vida. Él era showtime antes de que nadie supiera qué era el showtime”, explicó el doctor James Dobson, quien invitó a la leyenda de la NBA a disputar estos partidos.

A las 6 de la mañana del 5 de enero de 1988, Pistol Pete se subió a un auto para ser trasladado hacia el escenario del juego. El conductor era Lydic, uno de los participantes del evento. El mismo no había podido la noche anterior, debido a que estaba lidiando con la enfermedad de su padre. El cancer no solo afectó físicamente a su padre, sino también afectó anímicamente a Lydic y su familia.

Pero Maravich le dio ánimo: “Gary, estuve ahí. Y quiero atravesar esta situación con vos”. Sabía del tema perfectamente. Su padre, Press, quien también había sido su entrenador en el colegio secundario, falleció por un cáncer de próstata con el que tuvo que luchar durante cuatro años.

EL PARTIDO CON UN TRISTE RESULTADO

Un hecho anecdótico a la hora de armar los dos equipos, fue que Pete Maravich y Ralph Drollinger fueron ubicados en elencos diferentes para que el duelo sea parejo. “A Pete y a mí nos divirtió que los otros chicos intentaran impresionarnos”, dijo Drollinger.

Durante el partido, Pistol Pete mostró sus molestias en uno de los hombros porque tuvo que dribblear y lanzar con dificultades. Aún así, le dio su cuota de entretenimiento y diversión a un juego ameno. “Recuerdo que Pete ejecutó un tiro que no tenía intención de hacerlo”, dijo Chris Hancock, uno de los presentes.

Por su parte, Norm Moline explicó: “Pete era divertido. Hacíamos algunos movimientos giratorios tratando de impresionarlo y él decía: ‘No creas en tus propios titulares’. Se estaba divirtiendo, era un tipo realmente agradable. Sólo bromeó y bromeó”. El mismo llegó a filmar el encuentro agradable. Frenó el video cuando finalizó el juego y sacó las cartas de Pete Maravich en la NBA, con el deseo de que el ex Atlanta, New Orleans y Boston los firmara.

Mientras estaba parado en la línea de tiros libres, Pete Maravich estaba intentando tomar aire tras el juego. A su vez, tomaba algunos lanzamientos como solía hacer después de cada entrenamiento y partido, durante su época en la NCAA y la NBA. Y también, hablaba con el doctor James Dobson y recibía los pases de Lydic para volver a ejecutar los lanzamientos.

Fui a buscar el rebote y comencé a pasarle el balón a Pete y, antes de que pudiera hacerlo, boom, cayó al suelo. Sabía que tenía un gran sentido del humor. Comencé a acercarme y creía que iba a saltar en mi cara. Pero ese no fue el caso. A medida que me acercaba vi que sus ojos retrocedían, su cara estaba cambiando de color y el Dr. Dobson comenzó a hacer el boca a boca”, recordó Lydic.

Mientras algunos buscaban alrededor de la iglesia por ayuda (no había celulares en aquel momento), otros rodearon el cuerpo de Pistol Pete y empezaron a rezar para pedir por su pronta recuperación. Sin embargo, las plegarias no hicieron efecto. La ambulancia llegó para trasladarlo al hospital más cercano, pero un doctor salió a dar las malas noticias tras unos minutos de atención. De hecho, ni siquiero llegó a transmitirle las palabras a los que habían estado presente aquella jornada en el First Church of the Nazarene. La expresión facial lo explicó todo.

La esposa de Maravich (Jackie) atendió el teléfono de su casa en Covington, Los Ángeles. Ni bien dijo “hola”, comenzó a gritar debido a la dolorosa noticia. Se trasladó rápido al colegio en donde estaban sus hijos para poder retirarlos de manera urgente. Cuando volvieron a casa, se estacionaron todos los autos de los seres queridos. Uno de los hijos (Jaeson) tenía ocho años, por lo tanto corrió hacia el baño y comenzó a llorar a cántaros. El otro, Josh (de cinco años), no se dio cuenta del significado de la noticia y siguió preguntando cuando volvía su papá a casa para poder jugar con él.

UNA NOTICIA QUE LLEVÓ TIEMPO EN COBRAR FUERZA

El día siguiente al 5 de enero de 1988, los diarios locales de New Orleans le dieron mucha prioridad al fallecimiento de Pete Maravich. El base fue el mejor jugador de la mejor liga del mundo que haya tenido la ciudad en su historia. Sin embargo, fueron solamente 24 horas de noticias que tuvieran que ver con una de las primeras grandes figuras de la competencia estadounidense.

En esa época, no había internet. Por ende, las redes sociales no pudieron hacer eco de la magnitud de la tragedia. Es más, la televisión llegó a pasar algunas imágenes de sus mejores jugadas en la NBA, pero no registró partidos en vivo y en directo del formado en Luisiana State University.

Con el correr de los años, la evolución de la tecnología permitió hacer homenajes más apropiados a la carrera de un jugador que empezó a cambiar la manera de vivir el deporte. Su espectáculo con sus recursos técnicos significaron un antes y un después en la historia de la competición.

Lamentablemente, se hizo realidad uno de los grandes miedos de Pistol Pete: “No quiero jugar 10 años en la NBA y morir a los 40 de un ataque cardíaco”. Sin embargo, será más recordado por su legado en la mejor liga del mundo y por su lado solidario después del retiro, convirtiéndose al cristianismo y tratando de superar momentos difíciles con un estilo de vida más sano, humano y familiar.

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