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Howie Dallmar, el inesperado héroe del primer título de los Warriors

No estaba en los planes de nadie, pero entró y anotó el tiro que le dio el primer título a los Warriors. El primer momento épico de la NBA.

Howie Dallmar, el autor del primer momento épico en la NBA (FOTOGRAFÍA gentileza Getty Images).
Howie Dallmar, el autor del primer momento épico en la NBA (FOTOGRAFÍA gentileza Getty Images).

Los Philadelphia Warriors fueron los primeros en ser campeones de la BAA, la liga que luego se fusionó con la NBL para dar origen a la NBA, en 1947. De hecho, tras la fusión de ambas competencias se acordó que los primeros años de la liga estadounidense eran los pertenecientes a la BAA. Así, los Warriors fueron los campeones de la primera edición de la liga que luego despertó interés en todo rincón del planeta.

Los Warriors de Edward Gottlieb clasificaron a Playoffs gracias a un 35-25 que les dio el segundo lugar del este. Luego, superaron sin grandes problemas a Saint Louis Bombers (2-1) y New York Knicks (2-0) para arribar a la final frente a Chicago Stags. Su rival venía de frenar con un 4-2 a los Washington Capitols (49-11), el máximo candidato a quedarse con la edición inaugural.

Un punto que favoreció a Philadelphia sobre el resto fue contar con Joe Fulks, el mejor jugador de la competencia en aquel entonces. Promedió 23,2 puntos para ser el líder de la liga. El goleo fue más repartido en la fase de postemporada con Fulks como principal anotador, pero también buenos aportes de Angelo Musi, Art Hillhouse y George Senesky.

UNA LESIÓN QUE CAMBIÓ TODO

Dentro de las principales opciones defensivas de Philadelphia se encontraba Howie Dallmar. El alero de 1,93 metros estaba haciendo su debut profesional tras su paso por la Universidad de Stanford en aquella campaña. A diferencia de algunos compañeros como rivales, no había jugado en la NBL.

Dallmar cayó lesionado al inicio de las finales. Una torcedura de tobillo complicó su presencia en la definición. Optó por jugar pese al dolor, pero su aporte estaba lejos de ser el mismo. Así, el entrenador Gottlieb optó por sacarlo de los cierres de los juegos en la definición.

La caída de Howie Dallmar exigió todavía más a Joe Fulks. La estrella lideró a su equipo a un 3-0 con 37 puntos en el primer asalto, apenas 13 en el segundo y 36 en el tercero. Chicago respondió ante su gente con un 74-73 que achicó el margen. Max Zaslofsky (20) comandó el festejo del dueño de casa, un equipo que tuvo a otros tres jugadores en doble dígito.

La serie volvió a Philadelphia para un encuentro muy reñido. El dueño de casa abrió con un 27-13 que parecía lapidario, pero Chicago respondió con parciales de 25-13 y 30-23. Así, la visita tomó una ventaja de 68-63 a la hora de encarar el último cuarto.

Se acercaba el final del partido y Howie Dallmar ya podía prever lo que iba a pasar. Iba a ver desde el banco el cierre, sufrir sin la posibilidad de poder ser protagonista. Eventualmente salió de la cancha para ver cómo Philadelphia se acercó para un final no apto para cardíacos.

EL HÉROE IMPENSADO

Gottlieb era un manojo de nervios. Miraba desde el costado el juego como el tanteador. Ya había utilizado todas las tácticas en su haber para inclinar la balanza a su favor, pero la paridad se mantenía.

De repente, el entrenador empezó a escuchar la insistencia de uno de sus dirigidos. Era Howie Dallmar, que le pedía ingresar. Lo hizo una vez, dos veces, tres, mil. Desde que salió que era una radio de mensajes dirigidos hacia él sin un interruptor. Le explicó que podía agravarse su lesión, que necesitaba a los más sanos en cancha, que ya lo habían hablado. Pero no había caso, el deseo de Dallmar era más grande que cualquier explicación lógica.

Miró a la cancha y tampoco había respuesta. Fulks llevaba apenas 10 conversiones en 34 intentos, a pesar de sus 34 puntos. Angelo Musi había encajado 13 tantos en 23 lanzamientos. George Senesky hizo 11 en 14 y Art Milhouse tan sólo 9 en 12 intentos. El aro estaba abollado, Chicago había controlado sus opciones. Necesitaba algo diferente.

Dubitativo, envió a Dallmar a la cancha con el encuentro empatado en 80. El resto del equipo lo miró extrañado por su decisión, pero no hubo tiempo para discusiones. Fulks recibió la pelota, lo presionaron como toda la noche y vio a Dallmar solo. No dudó, el alero recibió la pelota y se escapó hacia el aro ante un estadio que ya no tenía uñas de los nervios. Definió la acción para el rugido del público. Philadelphia estaba en ventaja.

La franquicia de Illinois tenía que responder, pero estaba sorprendida. ¿Cómo aquel jugador que estaba lesionado le había dado el golpe que podía ser definitivo? No conforme con su acción ofensiva, Dallmar presionó a Tony Jaros (21), quien había sido el goleador de los Stags esa noche. Forzó un mal tiro del goleador para un fallo. Chicago, con el apremio del reloj, debió cortar con falta y Fulks capitalizó uno de sus dos intentos. Sin el triple como opción (recién incorporado en 1979-80), no hubo chance de réplica. Philadelphia era el primer campeón de la BAA.

Terminado el partido e iniciada la celebración, un grupo de periodistas se acercó a Edward Gottlieb para preguntarle sobre Dallmar. «Nadie esperaba que juegue», respondió con una sonrisa de oreja a oreja.

Pagó los platos rotos de aquel esfuerzo en el resto de su carrera. Jugó apenas 86 partidos más de fase regular y otros 15 de Playoffs en las siguientes dos temporadas, ambas con Philadelphia Warriors, antes de su retiro. El dolor de abandonar tan temprano le importó muy poco. Fue campeón con el primer momento épico en la historia de la liga que luego fue la NBA.

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