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09/01/1972

Los Lakers y el final de la racha de triunfos más fantástica de la historia de la NBA

Los Bucks derrotaron a los Lakers 120-104 el 9 de enero de 1972 para cortarle la racha de 33 triunfos en fila, la más larga de la historia en la NBA.

Lakers

El 9 de enero de 1972, Kareem Abdul-Jabbar, quien estaría destinado a ser una leyenda de Los Angeles Lakers, y sus Milwaukee Bucks, derrotaron al equipo angelino 120-104 para darle fin a la racha más maravillosa de triunfos de la historia de los deportes grandes de Estados Unidos.

Jabbar finalizó aquella noche con 39 puntos y 20 rebotes, en un partido de escuela que fue difícil de olvidar.

33 victorias. 65 días sin perder. Un promedio de 17 puntos de diferencia en cada triunfo. Eso fue lo que lograron los Lakers de Bill Sharman, en una cadena consecutiva de éxitos que comenzó el 5 de noviembre de 1971.

“Acabamos de terminar una racha que no creo que ningún otro equipo vaya a romper”, dijo el alero Jim McMillian a Los Angeles Times después de la derrota ante los Bucks.

Y vaya si tenía razón.

La marca sigue inmune al paso del tiempo. Y no solo en el básquetbol: en los cuatro deportes principales de Estados Unidos, acostumbrados a batir toda clase de récord año tras año, ningún equipo tuvo la grandeza, consistencia y entereza de los Lakers del 72.

Jerry West, Wilt Chamberlain y Gail Goodrich encabezaron aquel célebre equipo de Lakers, que aún mantiene su vigencia como un sueño imposible de quebrantar con el paso del tiempo.

Quien no formó parte de aquel equipo inmortal, fue Elgin Baylor, quizás el mejor alero de la historia de la NBA que hizo época con la franquicia. En su último partido, el 31 de octubre de 1971, Baylor anotó ocho puntos para anunciar su retiro cuatro días después, luego de haber atravesado una lesión en el tendón de aquiles que le impidió jugar más de dos partidos en la temporada anterior.

“Le estaba privando a Jim McMillian de tiempo de juego”, dijo Baylor. Y así fue como McMillian tomó lugar en el quinteto titular.

Previo al partido del 5 de noviembre, el coach Bill Sharman nombró a Wilt Chamberlain como nuevo capitán del equipo. West, el hombre logo, rechazó ese día la oferta de ser co-capitán.

Aquella temporada tuvo arranque 4-0 para los Lakers, pero ese comienzo furioso se vio sucedido por una serie de imprevistas derrotas que catapultaron al equipo a un récord deprimente de 7-3. Era tal el grado de hastío en el vestuario, que el coach Sharman decidió que iban a existir multas para todos los integrantes del plantel.

“Incluido yo”, dijo Sharman al Times. “Si no puedo transmitir el mensaje, también estoy fallando”. Esta historia tenía antecedentes: el año anterior, Sharman se había multado a sí mismo con $100 (cien dólares) mientras entrenaba a los Utah Stars de la ABA.

EL ORIGEN DE LA FANTÁSTICA RACHA DE TRIUNFOS DE LOS LAKERS

Es cierto, la fecha de fundación de esta cadena de triunfos data de noviembre de 1971, pero según el entrenador de Lakers de aquel entonces, esta cadena de triunfos comenzó con una práctica de tiros matutina en la temporada anterior.

“La gerencia fue clara conmigo y me dijo: ‘es posible que Wilt no lo acepte'”, recuerda Sharman en declaraciones recogidas por Kenneth Shouler de ESPN.com. “Así que antes de que comenzara la temporada lo llevé a almorzar. Me dijo: ‘Bill, te conozco desde hace mucho tiempo. No me gusta levantarme temprano en la mañana, pero si crees que ayudará al equipo, entonces lo haré'”.

El entrenamiento a primera hora de lanzamientos fue vital para el armado de grupo. Recordemos quién era Sharman: lanzador notable de la NBA, ganador de siete títulos de libres convertidos en la Liga, recuerda que alcanzó el 90% en una temporada -marca que repitió en tres oportunidades- tras iniciar esta rutina de prácticas por la mañana de tiro. Según recuerda ESPN.com, estos entrenamientos “aumentaron su memoria muscular y su confianza”.

West y Goodrich fueron cruciales en el perímetro: 25.9 puntos por encuentro para Gail y 25.8 para el hombre logo. Con 51.7 puntos por encuentro, de 98.4 que promedió el quinteto completo, se transformaron en el dúo más prolífico en puntos convertidos en el perímetro de la historia. West, incluso, se convirtió en el máximo asistidor de la temporada con 9.7 por encuentro.

“Fue fácil jugar con Gail”, explica West a ESPN. “Sabía dónde iba a estar. Era muy inteligente. Sabía cómo abrirse y provocar faltas. Sabía cómo hacer tiros en suspensión y como penetrar la llave”.

“En ese momento, los perimetrales podían jugar de base o escolta”, dice Goodrich. “Podía estar tirando 7-10 o 1-8 y K.C. Jones decía: ‘Sigue tirando’. Era el método de saturación, solo sigue lanzando al aro”.

“Además, empezamos a ver videos, nunca lo habíamos hecho antes. Estábamos concentrados en nuestra ejecución. Poníamos mucho el balón en las manos de Jerry. En los momentos calientes, él era el mejor. No peleaba con él por la posesión de balón, era un gran jugador de equipo. Si me abría, me daría la pelota. Me ayudó también en el aspecto defensivo”.

“Sabíamos dónde estaban todos, y si alguien cometía un error, todos estaban allí para ayudarte. En defensa, no permitíamos que los equipos girasen el balón, los manteníamos fuera de la llave porque además teníamos a Wilt allá atrás. No iba a ser fácil que anoten una bandeja”, agrega West a ESPN.

UNA MÁQUINA DE ANOTAR Y DESTRUIR RIVALES

Rápidos y furiosos. Así jugaban estos Lakers amantes del ritmo. Con aceleración constante, producto del deseo del coach Sharman, promediaron 123.3 puntos por aparición durante la cadena de 33 triunfos consescutivos.

“Ese equipo era pura confianza”, recuerda el mítico Walt Frazier, jugador de Knicks, a ESPN. “Te abrumaban de manera metódica. Chamberlain estaba haciendo lo suyo. El perímetro era dinámico. A medida que pasaba el tiempo, era asombroso la facilidad con la que ganaban partidos”.

Empezaron a ganar partidos de manera feroz y quizás su primera gran amenaza se dio en el triunfo número 20, que igualaba el récord de triunfos en fila establecido por Milwaukee la temporada anterior. Fue ante los Suns, en la tercera presentación en noches consecutivas del equipo de Sharman en Los Angeles: ganaron de manera dramática, 126-117, tras jugar tiempo extra. Goodrich anotó siete de 15 puntos de Lakers en el suplementario para quedarse con la victoria.

“Los jugadores se enorgullecen de la racha ganadora”, dijo Sharman al Times. “Wilt está diciendo, ‘Vamos, sigamos así'”.

EL NACIMIENTO DEL RÉCORD: TRIUNFO CONTRA ATLANTA

El quiebre del récord fue el 12 de diciembre contra Atlanta Hawks. Cuarto juego de Lakers en cinco noches. Ganaban 96-95 con algo más de un minuto por jugarse, pero encontraron los caminos en el desenlace, con una volcada clave de Chamberlain con 39 segundos en el reloj, para terminar con triunfo 104-95.

Aquella noche, Wilt tomó 11 rebotes en el último cuarto y cerró su planilla con 24 en total. Goodrich hizo 32 puntos y West 26. Fue emocionante.

“Los jugadores realmente deseaban mucho esto”, le dijo Sharman al Times, “y por eso fueron tan estrictos en sus tiros. Como consecuencia, nunca pudimos correr como sabemos. Pero crecimos en la adversidad. Muchos equipos ganaron campeonatos en la historia de la NBA, pero nadie ha logrado algo como esto”.

Los Lakers, como ya todos sabemos, alcanzaron 33 victorias consecutivas. 12 más desde aquella noche ante los Suns. Llegaron a Milwaukee con marca de 39 triunfos y tres derrotas. Pero claro, los Bucks no eran cualquier equipo: eran los campeones defensores y habían alcanzado 66 triunfos la temporada anterior.

Y lo tan temido finalmente ocurrió. Aquel 9 de enero de 1972, con un Jabbar endiablado autor de 39 puntos, 20 rebotes y cinco asistencias, finalizó la racha más maravillosa de la historia de la NBA. ¿Influyó acaso la lesión de West quien no estuvo esa noche? Nunca lo sabremos. Lo cierto es que fue un mal partido de Lakers y el final de un sueño de fantasía para Los Angeles.

“Lo perdimos nosotros, no lo ganó Milwaukee”, dijo McMillian al cierre del juego.

Un dato curioso: con la racha finalizada en 33, el periódico Los Angeles Times dejó de enviar un periodista de visitante, bajo la premisa: ¿Por qué deberíamos cubrir un equipo perdedor?

Sin embargo, los Lakers tenían que quebrar otra marca: la de triunfos. Tras perder ante Cleveland, y con récord de 67-13, aspiraban a superar el récord de 68 victorias de los Philadelphia 76ers en 1966-67, histórica franquicia que había llegado a 68. En aquella temporada célebre en Philly, Wilt Chamberlain fue MVP y ganaron el título de la NBA. Los Lakers finalmente llegaron a 69 triunfos tras derrotar a Phoenix y Seattle y ostentaron el récord hasta que aparecieron los Chicago Bulls de Michael Jordan y compañía que llegaron a récord de 72-9 en 1995-96.

LOS LAKERS RUMBO AL ANSIADO TÍTULO DE CAMPEÓN

Aunque hoy suene ilógico, los Lakers se encontraban en una situación de necesidad respecto a campeonatos. De hecho, no habían ganado ninguno desde que abandonaron Minneapolis, por lo que la ciudad del pecado estaba ávida de gritos importantes.

Ganaron sin problemas ante los Chicago Bulls en primera ronda y luego la situación se complicó cuando perdieron contra los Milwaukee Bucks, campeones reinantes, en el primer partido de las Finales de la Conferencia Oeste. West, Goodrich, Chamberlain, McMillian y Trapp lanzaron un combinado de 14-75 de campo (19%) y eso llevó a los Lakers a sellar un récord de menor cantidad de puntos anotados en postemporada. Trágico.

Pero claro, Chamberlain, leyenda del básquetbol, fue el responsable de quebrar la serie luego de igualarse en el Juego 4. Básicamente, tuvo una misión: frenar como sea a Abdul-Jabbar. La clave estuvo en limitar su efectividad, que pasó de 57% a 46%. Ganaron tres de los últimos cuatro juegos y aprovecharon la lesión abdominal de Oscar Robertson para alcanzar las Finales de la NBA.

Allí estaban entonces los Knicks. Walter Frazier recuerda en ESPN que “Después del primer juego, nuestra confianza se disparó. Pensamos que podíamos ganar”. En aquel juego debut de la serie, New York ganó 114-92. Pero fue solo un espejismo de lo que sucedería después.

Los Lakers arrollaron a los Knicks en los juegos sucesivos para alcanzar el título de campeones. Solo el partido 4 de las Finales necesitó un tiempo extra en el Madison Square Garden.

Más allá del perímetro dominante, Chamberlain se erigió en el MVP de aquella serie de Finales. Promedió, en los playoffs, 15 puntos y 21 rebotes por aparición.

AQUELLOS LAKERS NO ERAN AMIGOS, SINO COLEGAS DE TRABAJO

Jerry West recuerda, en ESPN, que aquella armada no se juntó ni por cervezas ni por comidas familiares luego de aquel ansiado campeonato.

“La gente dice: ‘Todos deben haberse amado en ese equipo’. No fue el caso en absoluto. La gente siguió su propio camino”, recuerda West.

“No salíamos juntos. Wilt (Chamberlain) era soltero, al igual que otro par de los muchachos. Algunos fueron obviamente más cercanos que otros”, señala Gail Goodrich. “Todos los jugadores se sacrificaron por el equipo, pero Wilt se sacrificó más que nadie”, agrega Goodrich. “Su rol realmente cambió. Era la cuarta opción. Joe Mullaney era el coach (la temporada anterior) y él y Wilt nunca se llevaron bien. Eso llevó al despido de Mullaney. Cargó con la culpa de todo lo anterior. Tenía tanto talento alrededor … Wilt tenía mucho respeto por Sharman por su pasado con los equipos de Boston y por supuesto por el récord de victorias alcanzado”.

“Estoy muy orgulloso de ese equipo. Gané a nivel secundario, luego en UCLA, y luego a nivel profesional. No hay muchos jugadores que puedan decir eso. Yo fui parte de un equipo de campeonato. Cumplí un papel con cada uno de esos equipos”, completó Goodrich.

Sharman, sin embrgo, jamás se quiso colgar ninguna medalla por el récord alcanzado por su equipo.

“Tuvimos suerte”, dijo Sharman en declaraciones recogidas por Kenneth Shouler para ESPN. “Hicimos que las cosas salieran como queríamos y no hubo muchas lesiones. Pero ya sabes, anotamos menos de 100 solo una vez [una derrota por 108-94 ante Baltimore el 5 de marzo]. Creo que las prácticas de tiro matutinas nos ayudaron a ganar 33 partidos en fila. De hecho, me dijeron al año siguiente que casi todos los equipos de la liga estaban haciendo esas prácticas matutinas”.

“Estoy orgulloso de esa temporada del 72”, completó Chamberlain al periódico Chicago Tribune. “Ese es un récord que no creo que nadie se acerque a romper”.

Sin dudas, los Lakers del año 1971-72 fueron un equipo especial, histórico, único, que permanecerá por siempre en la mente y el corazón de los fanáticos NBA.

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