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La peor temporada de los Lakers: el fracaso del ‘Big Three’ de Kobe, Howard y Nash

La unión prometía volver a poner a la franquicia californiana en la lucha por el campeonato. Pero vivió una verdadera catástrofe.

La peor temporada de los Lakers fue durante la reunión fugaz de Bryant con Howard.
La unión de Kobe con Dwight Howard no funcionó ni un poquito | FOTOGRAFÍA gentileza Diario Marca.

La primera década del Siglo XXI fue exitosa para Los Ángeles Lakers. El equipo encontró éxito con la fórmula de Shaquille O’Neal y Kobe Bryant. Ganó el Three-Peat con la dupla (2000, 2001 y 2002). Fue finalista en 2004, aunque cayó ante Detroit Pistons.

Luego, ya sin Shaq y con Pau Gasol en el plantel, volvió a las finales en 2008, cuando cayó ante Boston Celtics. Posteriormente tuvo su revancha, imponiéndose al Orlando Magic en 2009 y, en el inicio de la década posterior, a los mismos Celtics en 2010.

Tras cinco títulos en 11 años, la vara quedó bastante alta para la franquicia. Luego de llegar a las semifinales de conferencia en 2011 y del retiro de Phil Jackson, se dio el Lockout del 2011.  Allí, la organización llegó a un acuerdo para hacerse con Chris Paul de New Orlans Hornets (hoy Pelicans) en pos de volver a competir. No obstante, como la franquicia estaba intervenida por David Stern, el comisionado de la liga, el traspaso fue vetado. El base luego acabó en manos de Los Ángeles Clippers.

Después de aquella negativa, todo empezó a ir en caída. La franquicia había acordado traspasar a Lamar Odom, Pau Gasol y Andrew Bynum en el movimiento. Odom se molestó y acabó siendo enviado a los Dallas Mavericks a cambio de un pick de primera ronda. Aún en medio de la turbulencia de un entrenador nuevo (Mike Brown) y parte del plantel molesto por el acuerdo que finalmente no se dio, la organización llegó a meterse en las semifinales de conferencia.

LA UNIÓN DEL TRIDENTE

Después del revés en la agencia libre anterior, los Lakers decidieron hacer movimientos fuertes para poder capitalizar sus chances de campeonato. Luego del campeonato a manos del Miami Heat de LeBron James, Dwyane Wade y Chris Bosh, era claro que se necesitaba un Big Three para lograrlo.

El primer paso fuerte lo dieron el 11 de julio del 2012. La jornada tuvo el arribo de Steve Nash, quien tenía 38 años y contaba con su última chance de ser campeón. Pese a su edad, llegó tras una campaña de All-Star y luego de promediar un doble-doble por partido (12,5 puntos y 10,4 asistencias). Un base creativo que fue adquirido por un pick de primera ronda y dos de segunda ronda.

Para el puesto de pivote, una nueva llegada desde el Orlando Magic. Así como Shaquille O’Neal se unió a Kobe Bryant para conseguir tres anillos, esta vez la apuesta fue por Dwight Howard. Él llevaba ocho años en la liga, había perdido las finales del 2009 ante los Lakers y estaba cansado de la falta de competitividad de su equipo.

Los Ángeles envió a Josh McRoberts, Christian Eyenga y un pick de primera ronda del 2017 a Orlando. Para poder hacerlo posible, también se deshizo del prometedor Andrew Bynum, quien fue destinado a Philadelphia. Bynum sintió sus problemas de rodillas desde entonces.

En los papeles, una agencia libre redonda. Un base veterano capaz de aportar al lado de Kobe Bryant. A la par un tándem prometedor en el interior con Pau Gasol y Dwight Howard. Este último acumulaba seis All-Star, cinco quintetos ideales y tres premios al mejor jugador defensivo del año. La rotación también pintaba bien con apoyos de Chris Duhon, Antawn Jamison y Jordan Hill, entre otros.

UN MAL AUGURIO

En los papeles, los Lakers se habían armado para pelear por el anillo. Iban a ser los rivales de los Spurs en el oeste. Los llamados a competir con el Heat por el título. Tenían un plantel ideal en términos de talento y para los videojuegos eran imposibles de dejar de lado.

Sin embargo, la realidad fue otra muy diferente. La franquicia ya vivía una época turbulenta por la muerta del Dr. Jerry Buss, el dueño que le cambió el rumbo a la organización y a la NBA. El primer equipo construido por sus herederos, sus hijos, que estaban lejos de estar de acuerdo. Jeannie, casada con Phil Jackson, estaba encargada del marketing y tenía una mirada. Jim Buss, el asistente del gerente general Mitch Kupchak, poseía otra muy diferente. La guerra fría estaba dentro de las instalaciones.

Algo similar sucedía durante los entrenamientos. Por un lado, Kobe Bryant estaba obsesionado con su sexto anillo. El que lo igualaría a Michael Jordan. Por el otro, un Dwight Howard que no comprendía el compromiso del súper profesional. Kobe lo trató de ‘suave’ entre otros apodos que le fueron doloroso. El pivote no entendía su locura por ciertas cosas. Lo hizo mucho más tarde, cuando la posibilidad ya se había desvanecido.

El presagio de la peor temporada de los Lakers llegó durante la etapa de preparación. Mike Brown no le encontró la vuelta ni el funcionamiento. 0-4 en la pretemporada sin dejar señales positivas. A esto le siguió un 1-4 en el inicio de la campaña. Se apagaba rápido la ilusión de ser campeón. Había que tomar otro rumbo.

UNA ELECCIÓN COMPLICADA

Mike Brown fue despedido y la guerra interna se reavivó. Phil Jackson le confesó a Jeannie Buss que él estaba dispuesto a volver a ser entrenador. Sabía que tenía chances reales de controlar al equipo en pos de un nuevo campeonato. Era la mejor opción porque ya conocía a Kobe, sabía qué era dirigir a los Lakers y guiar a la franquicia a la gloria.

Bernie Bickerstaff se hizo cargo del equipo de forma interina durante la decisión. Dos triunfos en idéntica cantidad de partidos. Todo esto ante un Staples Center que mandó un mensaje claro: “¡Queremos a Phil!”

Pero la decisión estaba en manos de Kupchak y Jim Buss. La opción de Jackson estaba en la mesa. Pero Jim quería otra cosa. Consideraba que el básquet de Phil era anticuado, aún a dos años de ser campeón. Quería algo nuevo, y, sobre todo, no quería darle la derecha a Jeannie.

Se inclinó por Mike D’Antoni. Él conocía a Steve Nash, lo había dirigido en Phoenix Suns durante su época más competitiva. También era quien le había dado otro ritmo a la NBA con su ofensiva de ‘siete segundos o menos’. Un juego vertiginoso que empezó a darle mayor importancia al spacing como al triple. Consideró que era el acorde para lo que necesitaba la franquicia angelina.

Como si fuese poco, D’Antoni no era justamente un fanático de jugar con dos hombres altos que no tengan triple. Por eso tenía a tiradores como Boris Diaw y Channing Frye en Phoenix. Pau Gasol quedó relegado en la rotación, lo que empezó a cocinar a fuego lento su salida. La misma se dio dos años después, ya sin D’Antoni y con un Kobe marcado por las lesiones.

Incluso tampoco conectó con Howard, quien demostró su falta de madurez. No quería jugar el pick-and-roll con Nash. Estaba acostumbrado a recibir la pelota cerca del aro directamente y dominar desde el juego en el poste bajo. No había chance de cambiar su estilo. Otra actitud que el entrenador no supo manejar y que también le generó conflicto con Kobe Bryant.

LA LESIÓN QUE PUSO FIN A TODO

Kobe tuvo que tirar del carro más fuerte de lo esperado para que el equipo sea competitivo. Promedió 27,3 puntos y repartió 6,0 asistencias por partido, además de bajar 5,3 rebotes. Ocho encuentros por encima de los 40 tantos y 35 por encima de las 30 unidades.

Un desgaste que lo llevó a jugar 38 minutos o más en 47 partidos. Una cantidad de tiempo en cancha letal para una estrella madura en fase regular. Esfuerzo de Playoffs para siquiera poder ingresar a la etapa. Aún enfrentando a rivales en reconstrucción, Kobe tenía que dar su máximo para que el desastre pueda terminar en buen puerto.

El esfuerzo extra fue el principio de su fin. El 12 de abril del 2013, ante los Golden State Warriors, será por siempre recordado como su día más triste. Llevaba 32 puntos, cinco rebotes y cuatro asistencias en casi 45 minutos cuando su tendón de Aquiles se rompió. Lanzó los dos tiros libres tras la falta que lo dejó en el suelo. Entre lágrimas y ante un Staples Center enmudecido, salió de la cancha.

La franquicia acabó ganando aquel juego y los siguientes dos para acceder a Playoffs. Un récord de 45-37 que luego desembocaría en una barrida a manos de San Antonio Spurs (0-4). No hubo chance alguna de avanzar de ronda.

Desde los números estuvo lejos de ser la peor temporada de los Lakers. Pero en término de expectativas, lo que se dejó ir, la lesión de Kobe Bryant, el inicio de la salida de Pau Gasol, la negativa a Phil Jackson para terminar de sentenciar su retiro como entrenador y el camino hacia una reconstrucción durísima, hizo que así lo fuera.

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