Tyrese Haliburton vive un calvario que va mucho más allá de la cancha. El base All-Star de Indiana Pacers reveló este lunes los detalles de su batalla contra el herpes zóster, una enfermedad que complicó severamente su ya difícil proceso de recuperación tras la rotura del tendón de Aquiles derecho que sufrió el pasado junio en el Juego 7 de las Finales de la NBA.
En declaraciones a los periodistas en Indianápolis, un día después del cierre de la temporada regular, Haliburton expuso crudamente la realidad de estos últimos meses: «Ni siquiera podía ponerme frente a una cámara aunque quisiera al principio, porque mi ojo estaba básicamente cerrado. Estaba por toda mi cara», confesó el jugador de 26 años, cuyo rostro aparecía visiblemente hinchado y abotagado durante la conferencia de prensa.
El diagnóstico llegó en febrero, cuando Haliburton ya estaba fuera de las canchas por la lesión en el Aquiles que lo mantuvo alejado durante toda la temporada 2025-26. Lo que comenzó como una erupción cutánea durante las primeras dos semanas derivó en una comezón insoportable que lo obligó a alejarse del equipo para recuperarse. La imagen del jugador usando anteojos en público durante las últimas semanas de la temporada, cuando regresó al banco para acompañar a sus compañeros, no era casual: los lentes le ayudaban a evitar la tentación de tocarse el rostro.
Un tratamiento complicado con efectos secundarios severos
En su aparición en «The Pat McAfee Show» este lunes, según reportó ESPN, Haliburton detalló el agresivo tratamiento al que tuvo que someterse. Recibió una inyección de Botox y cambió de medicación en múltiples ocasiones buscando manejar los síntomas de la enfermedad. Sin embargo, la solución trajo sus propios problemas: el último medicamento que le recetaron provocó un aumento de peso considerable como efecto secundario.
«He perdido parte de mi ceja; mi ojo siempre está hinchado por rascarlo. Tengo días buenos y días malos, pero en su mayoría son días malos. Así que no ha sido nada divertido», explicó el base con una franqueza poco común en el mundo del deporte profesional, donde los jugadores suelen minimizar sus problemas de salud.
La situación plantea una doble complejidad para Haliburton. Si bien el herpes zóster no le costó partidos adicionales -ya estaba descartado por toda la temporada debido a la rotura del Aquiles-, representó un contratiempo mayúsculo en un proceso de rehabilitación que de por sí es tedioso y demandante. La recuperación de una lesión tan seria como la rotura del tendón de Aquiles requiere dedicación absoluta, y enfrentar simultáneamente una enfermedad que afecta el rostro, la visión y el estado físico general es un obstáculo que nadie hubiera previsto.
El camino de regreso apenas comienza
Pese a todo, hay señales alentadoras. Haliburton anunció la semana pasada en sus redes sociales que comenzó a participar en partidos de cinco contra cinco, un hito importante en cualquier recuperación de lesión. Originalmente, esta fase del proceso estaba programada para comenzar después de la pausa por el All-Star, pero el diagnóstico de herpes zóster retrasó todo. El jugador admitió que ya ni siquiera piensa en su lesión de pierna, lo cual habla del progreso en ese frente específico.
Sin embargo, el panorama sigue siendo incierto. Haliburton reconoció que no tiene un cronograma definido para su recuperación completa y que tiene «un largo verano por delante» tanto para sanar completamente de la enfermedad como para recuperar su forma física. El aumento de peso por la medicación añade otra capa de trabajo físico que deberá abordar antes de volver a las canchas al nivel que lo caracterizaba antes de la lesión.
La experiencia personal tocó a su familia de cerca. Haliburton reveló que su padre, John, también padeció la enfermedad el año pasado, aunque en su caso afectó el estómago. Ver de primera mano el sufrimiento que provoca el herpes zóster llevó al jugador a lanzar un mensaje de salud pública: «Le diría a cualquier persona mayor de 50 años que se aplique la vacuna contra el herpes zóster. Esto ha sido terrible».
Es un testimonio valiente el de Haliburton, que contrasta con la típica narrativa heroica del deporte. No hay glorificación del dolor aquí, solo la cruda realidad de un atleta de élite enfrentando adversidades que van más allá del básquet. Su apertura puede ayudar a concientizar sobre una enfermedad que muchos subestiman y, al mismo tiempo, muestra la resiliencia necesaria para superar obstáculos múltiples en el camino de regreso a las canchas.
Para los Pacers, la ausencia de su estrella durante toda la temporada ya era un golpe duro. Saber ahora que su proceso de recuperación fue aún más complicado de lo que se conocía públicamente pone en perspectiva el desafío que enfrentará el equipo y el jugador de cara a la próxima campaña. La pregunta ya no es solo si Haliburton volverá al nivel previo a la lesión del Aquiles, sino cómo su cuerpo responderá después de meses batallando simultáneamente contra una lesión devastadora y una enfermedad debilitante.
El verano será crucial. Haliburton necesita recuperar su forma física, perder el peso ganado por la medicación, terminar de sanar del herpes zóster y completar la rehabilitación del Aquiles. Es un camino empinado, pero su disposición a hablar abiertamente sobre estos desafíos muestra la mentalidad de alguien que no se esconde de la adversidad. Los Pacers y sus fanáticos esperan que esa fortaleza mental se traduzca en un regreso exitoso a las canchas cuando llegue el momento.