Doc Rivers dejó una bomba en la previa de la derrota de los Bucks ante Brooklyn por 96-90. Cuando le preguntaron sobre su futuro en el banco de Milwaukee, el veterano entrenador de 64 años no esquivó el tema, pero tampoco lo aclaró: «No voy a responder eso, pero tengo nietos que quiero ver. Lo dejo así. Que cada uno saque sus conclusiones». Y vaya si las conclusiones parecen claras.
El técnico con más victorias entre los activos en la NBA y sexto en la lista histórica de la liga suena exactamente como alguien que está evaluando seriamente colgar el silbato. La dirigencia de los Bucks tomará una decisión sobre su continuidad en la próxima semana, a pesar de que Rivers todavía tiene un año más de contrato con Milwaukee Bucks. Pero el mensaje del entrenador fue cristalino: la familia está llamando, y está llamando fuerte.
«Tengo siete nietos ahora y todos tienen 8 años o menos», explicó Rivers. «Y me mata cada vez que me pierdo el día de los abuelos con cada uno de ellos en la escuela. Y probablemente sea momento de verlos más. Así que les dejo que averigüen el resto».
Una temporada para el olvido en Milwaukee
No es difícil entender por qué Rivers podría estar cansado. Esta temporada de los Bucks fue un desastre de principio a fin, una montaña rusa que solo fue hacia abajo. Un equipo que llegó con aspiraciones de campeonato, construido alrededor de Giannis Antetokounmpo y reforzado con la llegada de Myles Turner en la agencia libre del verano pasado, terminó siendo una decepción monumental.
Las lesiones devastaron a Milwaukee. Arrancaron 8-5, lo cual parecía prometedor, pero luego perdieron siete partidos consecutivos para caer bajo el 50% de efectividad, y ahí se quedaron el resto de la temporada. No han sido un equipo top-ocho de la Conferencia Este desde mediados de noviembre. Para dimensionar el desastre: los Bucks incluso escucharon ofertas por Antetokounmpo en febrero, aunque finalmente decidieron mantenerlo, al menos por ahora.
El dos veces MVP solo jugó 36 partidos esta temporada, por lejos la menor cantidad en sus 13 años de carrera. Y para colmo, el equipo está envuelto en una guerra de palabras con su mejor jugador. Giannis dice que quiere jugar a pesar de que Milwaukee está fuera de la pelea por playoffs; la franquicia lo ha mantenido fuera, citando lesiones. Un lío de proporciones mayúsculas.
Atrapado en el fuego cruzado
Rivers dejó en claro la semana pasada lo molesto que está con su posición en medio de todo este caos. La especulación constante sobre el futuro de Antetokounmpo en Milwaukee lo tiene harto de tener que responder preguntas sobre un tema que escapa a su control.
«Lo difícil de todo esto es que estoy en el medio cuando no tengo nada que ver con ello», expresó Rivers el viernes pasado. «Los entrenadores no decidimos nada de esto. Pero el problema con nuestra liga es que los entrenadores somos los que estamos sentados al frente, y tenemos que sentarnos aquí y responder estas cosas. Y les digo que hay dos lados en esto».
Es una posición ingrata, sin dudas. Rivers, que ingresará al Salón de la Fama Naismith este verano, se encuentra en una encrucijada profesional. Solo Gregg Popovich, Don Nelson, Lenny Wilkens, Jerry Sloan y Pat Riley tienen más victorias como entrenadores que él. Ganó el título de la NBA con Boston en 2008 y tiene un currículum que habla por sí solo.
Cuando fue anunciado formalmente como parte de la clase del Salón de la Fama de este año, Rivers sonó reflexivo, casi nostálgico. «Sin los jugadores que he entrenado, sin los entrenadores con los que he trabajado, no estaría aquí», dijo. «Ninguno de nosotros vive aislado. Todos vivimos y respiramos con otras personas, y otras personas nos ayudan a llegar a lugares».
Rivers se unió a los Bucks a mitad de la temporada 2023-24, y claramente esta experiencia no ha sido lo que esperaba. Su llegada a Milwaukee se dio en circunstancias turbulentas, y las cosas no mejoraron con el tiempo.
¿Qué sigue para Doc Rivers?
Si Rivers decide alejarse del banco, no le faltarán opciones. Tiene varios intereses más allá de entrenar y probablemente sería muy buscado como comentarista de televisión – ya ha hecho ese trabajo antes y se le da bien. Su experiencia, su manera de comunicar y su conocimiento del juego lo convertirían en un analista de primer nivel para cualquier cadena.
Pero más allá de las oportunidades profesionales, Rivers parece estar pensando en algo más profundo: el tiempo perdido con la familia. Esos días de abuelos en la escuela que se pierde, esos momentos con siete nietos menores de 8 años que no volverán. Es el eterno dilema de cualquier persona en una carrera exigente, pero magnificado cuando tenés 64 años y ya lograste prácticamente todo en tu profesión.