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07/01/1972

La racha de 33 triunfos de los Lakers

Los Lakers aplastaron 134-90 a los Hawks y sumaron su 33° triunfo consecutivo el 7 de enero de 1972. La racha de victorias más larga de la NBA.

Los Lakers mantienen una racha de 33 triunfos consecutivos como la máxima en la NBA después de 50 años.
50 años después, la racha de 33 triunfos de los Lakers en 1972 continúa siendo la máxima de la NBA (FOTOGRAFÍA gentileza Medium).

Los Lakers parecían invencibles en esa noche del 07 de enero de 1972. Aplastaron a los Atlanta Hawks a domicilio con un 134-90 para sumar la 33° victoria seguida, la mayor racha de la historia de la NBA. Jerry West marcó el camino con su doble-doble de 12 puntos y 13 asistencias. El perimetral fue uno de los seis jugadores con doble dígito en anotación. Jim McMillan (26) finalizó la noche como el máximo anotador; y Gail Goodrich (23 tantos, seis rebotes y cinco pases-gol) el de la producción más completa.

El partido, como era de esperar, no tuvo equivalencias. Tras un primer cuarto parejo, la visita limitó el goleo rival y castigó en transición en cada oportunidad que se le presentó. Tuvo una ventaja de 62-48 a la hora del entretiempo y la diferencia se amplió gradualmente en la segunda parte. Sólo Wilt Chamberlain (14 puntos y 14 rebotes) había superado los 32 minutos, lo que significó un ajuste claro en la rotación del elenco visitante.

50 años después, esos Lakers mantienen la mayor racha de triunfos de la historia de la NBA como de cualquier liga grande estadounidense. Los Warriors del 2015-16 (28) y el Heat del 2012-13 (27) amenazaron con quitarle el honor, pero sus intentos no alcanzaron. En el resto de las competencias, ni cerca: Cleveland Indians 07′ (22); New England Patriots 02-03′ (21); y Pittsburgh Penguins 92-93′ (17) tienen las mejores marcas en MLB, NFL y NHL respectivamente.

EL CAMINO HACIA LA RACHA

Los angelinos estaban desesperados en 1971. Tras conseguir cinco títulos en sus primeras seis campañas (1949-50; 1952-54), llevaban 17 años de sequía. Además, no habían tenido éxito desde 1960, cuando se mudaron de Minneápolis a Los Ángeles. Como si fuese poco, el pasaje incluía varios tragos amargos: ocho derrotas en finales; cinco caídas en finales de conferencia -incluyendo la de la temporada anterior-; tres eliminaciones en primera ronda y una más que olvidable 1957-58 sin presencia en Playoffs.

Fred Schaus, gerente general de la franquicia, decidió patear el tablero y cambió de entrenador. William Walton Sharman, mayormente conocido como Bill Sharman, tomó el lugar de Joe Mullaney. Sharman, cuatro veces campeón junto a los Boston Celtics como jugador (1957; 1959-61), estaba deseoso de revancha. El oriundo de Redondo Beach, California, dirigió dos años a Los Ángeles Stars en ABA y luego uno más tras su mudanza a Utah. Allí fue campeón, pero quería lograrlo en el equipo de su estado.

El nuevo coach se tuvo hacer cargo de un equipo que no era considerado candidato a ser campeón ya que Elgin Baylor, Wilt Chamberlain y Jerry West habían superado los 30 años. Se necesitaba un cambio de fondo que no había sucedido con los fichajes de Flynn Robinson, John Trapp y el novato Jim Cleamons.  Su objetivo fue ‘recuperar a los veteranos’ y poder sacar todo el jugo de su talento como experiencia. Él implementó dos herramientas claves para alcanzar el mejor nivel del equipo: entrenamientos de acondicionamiento que eran novedosos para la época; y un sistema ofensivo basado en el contraataque. Buscó la fortaleza defensiva y explosividad para poder correr la cancha en pos de castigar a rivales en transición.

UN RETIRO TAN ESPERADO COMO DURO

Elgin Baylor se retiró a los 37 años por sus constantes problemas en la rodilla.
Elgin Baylor jugó nueve partidos de la temporada 1971-72 antes de retirarse por sus lesiones (FOTOGRAFÍA gentileza Sporting News).

Los Lakers arrancaron la temporada en un altísimo nivel. Los angelinos terminaban extenuados noche tras noche, pero daba sus frutos: ganaron seis de los primeros siete juegos. Tras este gran arranque, afrontaron el primer gran desafío: tres juegos en noches consecutivas con juegos de local ante Cincinatti Royals y Golden State Warriors, y una visita a los Seattle Supersonics.

Sortearon a los flojos Royals (119-107), pero no tuvieron éxito frente a dos equipos durísimos como Sonics (106-115) y Warriors (115-119). Las derrotas tuvieron un común denominador: llegaron cansados al último cuarto y no pudieron aguantar el altísimo ritmo para imponerse.

Si bien ganaron los siguientes dos juegos, el segundo de estos terminó con un sabor amargo. Elgin Baylor, que se había perdido la temporada campaña por la ruptura del tendón de Aquiles, padeció una nueva lesión en su rodilla derecha. A los 37 años, más precisamente el 6 de noviembre de 1971 y tras la victoria en la revancha ante Warriors (105-89), dialogó con los más íntimos y decidió retirarse. «No me siento en condiciones de poder seguir jugando en el nivel más alto», dijo en conferencia de prensa unos días después. A lo que añadió ante las insistencias de seguir en el equipo: «No quiero ocupar un espacio en el plantel que incomode a los Lakers. Quiero poder liberarles un hueco para que lleguen nuevos jugadores». Su baja fue el hueco que aprovechó Pat Riley.

Era el punto final de la carrera de un jugador que integró 11 quintetos ideales y participó de 10 Juegos de las Estrellas. Uno de los 75 mejores de la historia de la liga que dejó un legado incalculable, y que se marchó sin títulos.

LA RACHA DE 33 TRIUNFOS DE LOS LAKERS

Lo que Baylor no sabía era que había sido parte de los primeros dos triunfos de la mayor cantidad de triunfos al hilo de la historia. Momentos como el retiro de una leyenda definen a un equipo. En este caso, el elenco se hunde en la depresión de perder a una leyenda o se une ante la adversidad para sacar lo mejor de sí. Sharman tuvo como banderas a Chamberlain, West y Goodrich para sacar adelante la situación, como también supo ajustar la rotación para exprimir al máximo el potencial del equipo.

El plantel sacó pecho y noche a noche se volvió una de las mayores maravillas que vio la NBA. El combinado californiano parecía invencible por su sobrado talento como también insorteable poderío físico. Tres triunfos sobre eternos rivales como Boston Celtics y Philadelphia 76ers; cuatro claves a Golden State Warriors y Seattle Supersonics; inclusive uno a los otros candidatos, Milwaukee Bucks, habían integrado esa racha de 33 festejos y 65 días.

También fue crucial el 20° juego de la racha, el tercero de tres juegos en idéntica cantidad de noches. El elenco angelino recibió a Phoenix Suns en la noche del 10 de diciembre de 1971 y parecía tener todo controlado hasta el último cuarto. La visita amenazó con darle un nuevo golpe al equipo cuando emparejó el juego en el último cuarto de la mano de Connie Hawkins (28 puntos, 19 rebotes y 5 asistencias) y Dick Van Arsdale (31). Un parcial de 35-23 puso en jaque al elenco vestido de amarillo, que se vio obligado a jugar un suplementario en un partido que tenía controlado. Para alegría local, Jim McMillan (31) aprovechó este nuevo escenario con los minutos de Baylor y lideró el 15-6 del suplementario que permitió el festejo por 126-117.

Dos días más tarde ya hubo nuevo récord. Los Hawks de Pete Maravich podían volverse los grandes villanos y ponerle fin a esa seguidilla en la casa de los Lakers. Si bien hicieron un gran partido para su floja temporada (36-46; 8-20 en ese momento), sucumbieron ante el grito de guerra y envión de los locales. Los californianos de la mano de Gail Goodrich (32), que encabezó el parcial de 29-18 en el último cuarto para el 104-95. El 12 de diciembre de 1971 se habían asegurado la mayor racha de la NBA hasta ese entonces.

 

Wilt Chamberlain señaló tras el delirio del Forum: «Estoy seguro que después de hoy se termina». El pivote, reconocido por su gran confianza además de su carrera legendaria, se equivocó. Los siguientes 10 partidos no tuvieron equivalencias: tan sólo dos equipos pudieron terminar a menos de 10 puntos de los imbatibles. Nadie podía ponerles un freno.

El climax llegó en esa noche en Atlanta. El equipo fue más abucheado que nunca desde el primer momento, pero respondió con creces. Un categórico 134-90 que finiquitó el 33° festejo de la racha.

La misma tuvo su punto final frente al único equipo que podía aspirar a ganarles una serie de Playoffs, los últimos campeones Milwaukee Bucks. El equipo de Wisconsin, ante su gente, necesitó del mejor Kareem Abdul-Jabbar (32 puntos y 20 rebotes) y este jugó 47 de los 48 minutos. Sólo salió en el último para la ovación del público por el inminente 120-104.

 

«Simplemente espero no estar vivo cuando esta deje de ser la mayor racha de la historia. No es algo que quisiera ver en mi vida», reportó Jim McMillan. La racha perduró más allá del 16 de mayo del 2016, cuando falleció de problemas cardíacos a los tempranos 68 años en Winston Salem, Carolina del Norte.

EL FINAL DE LA RACHA MÁS DESEADA POR LOS LAKERS

El cimbronazo de aquella derrota duró unos días. Los angelinos perdieron tres de los siguientes cinco juegos y luego cayeron en tan sólo seis de los 37 partidos restantes de la fase regular. Cerraron la campaña con un 69-13 que significó la mayor cantidad de triunfos por un equipo en una temporada NBA. Esa marca perduró por 24 años hasta que Michael Jordan la rompió junto a los Chicago Bulls en temporadas consecutivas: 70-12 (1995-96) y 72-10 (1996-97). Luego, en 2015-16, cayó al cuarto puesto con el 73-9 de los Golden State Warriors, que fueron los únicos en no poder quedarse con el título dentro del Top 4.

Los Lakers abrieron su paso por la postemporada como los claros favoritos al título y estuvieron a la altura de las expectativas. Comenzaron con un formidable 4-0 sobre Chicago Bulls -sí, jugaban en el oeste en aquel entonces-. A pesar de cierres ajustados en los últimos tres juegos, el elenco de Illinois nunca estuvo con chances reales de avanzar a la siguiente instancia.

Así, llegó el desafío más esperado antes de las finales. Los Milwaukee Bucks se volvieron a meter en el camino de los Lakers, esta vez en la definición del oeste. Como si fuese poco, los de Wisconsin sacudieron al vencer categóricamente en el primer juego con un 93-72, el goleo más bajo de los angelinos en aquella campaña. Dos triunfos muy ajustados en los siguientes choques (135-134 y 108-105 como visitantes), permitieron recuperar la ventaja de localía. Los angelinos regularon en el segundo juego fuera de casa (88-114), sabiendo que necesitaban ganar el importante ante su gente y respondieron con un importante 115-90 que potenció sus expectativas. Volvieron a la casa del rival y con un parcial de 32-23 en el último cuarto de la mano de Wilt Chamberlain (20 puntos y 24 rebotes), estamparon el 104-100 que puso el 4-2 y permitió el avance a la definición.

Los Knicks intentaron ponerse en el camino hacia lo inevitable, fintaron a amargar a los angelinos con un 114-92 en el primer duelo, pero no hubo caso. Los Lakers ganaron cada uno de los siguientes juegos, tres de ellos por un margen mayor a 15 puntos. Chamberlain promedió 19,4 puntos, 23,6 rebotes y 4,6 asistencias para alzarse con el segundo de sus dos títulos y su único premio de MVP en las finales.

Así, quebraron el maleficio y consiguieron su primer título en Los Ángeles. Casualidad o causalidad, aquella única derrota en la serie les permitió cerrar la historia en el Forum, ante su gente. El primero de sus 13 títulos en su ciudad y la quinta de sus 17 consagraciones.

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