Los Angeles Lakers están en serios problemas. Con la postemporada de la NBA a la vuelta de la esquina, el equipo angelino enfrenta un escenario devastador que podría convertir su participación en playoffs en una despedida temprana y dolorosa. Las lesiones de Luka Doncic y Austin Reaves llegaron en el peor momento posible, y los ejecutivos consultados por ESPN no ocultan su escepticismo sobre las chances reales de los Lakers de competir sin dos de sus piezas fundamentales.
Según reportó Brian Windhorst, tanto Doncic como Reaves fueron diagnosticados con distensiones de Grado 2 en isquiotibiales y oblicuo respectivamente. No son molestias menores: son lesiones significativas que podrían dejarlos fuera de toda la primera ronda. Y aunque ambos jugadores intentarán volver lo antes posible, la realidad es cruda: los Lakers tienen que prepararse para enfrentar a Houston Rockets -su oponente más probable- sin ellos.
La pregunta que todos se hacen es demoledora: ¿puede LeBron James, a sus 41 años, cargar al equipo en sus espaldas y ganar cuatro de siete partidos contra Houston? La respuesta que circula entre scouts y ejecutivos de la liga es incómoda y mayormente negativa.
La receta desesperada: que LeBron se encienda y Houston se apague
Un scout de la Conferencia Este consultado por ESPN fue directo al describir la única vía posible para los Lakers: «Seguro que JJ Redick y su cuerpo técnico están examinando cuestiones tácticas y repasando ideas de quintetos, pero honestamente, los Lakers necesitan que LeBron tenga una serie caliente de tiro y que los Rockets tengan una serie fría de tiro. Eso es posible, y cuando LeBron pone en marcha su tiro de tres puntos, abre todo el juego».
Es una estrategia que depende más de la esperanza que de la planificación. Los Lakers necesitarán que todo salga perfecto: que James recupere su mejor versión ofensiva, que los jugadores de rol conecten sus tiros y que Houston falle en momentos clave. Pero apostar todo a ese escenario es ignorar la realidad más evidente: la diferencia de talento entre ambos equipos sin Doncic y Reaves es abismal.
Un ejecutivo del Oeste fue aún más pesimista: «La defensa de Houston simplemente los va a devorar». Y tiene razón. Los Rockets cuentan con una de las defensas más sólidas y físicas de la liga, precisamente el tipo de equipo que puede neutralizar a un conjunto limitado ofensivamente como serán los Lakers sin sus creadores de juego.
Además, hay otro problema: Marcus Smart, defensor clave en el punto de ataque para los Lakers, también estuvo fuera por lesión. «Necesitan que Marcus Smart esté sano», advirtió un scout del Oeste. «Es un defensor importante en el punto de ataque para ellos. No pueden permitirse perder otro titular, y él ha estado fuera».
La ironía cruel del timing y el sacrificio de LeBron
Lo más frustrante de toda esta situación es el timing. Como explicó Tim Bontemps, James, Doncic y Reaves finalmente habían encontrado su ritmo juntos, en gran parte porque LeBron había aceptado un rol de «tercera estrella». Un ejecutivo del Este lo resumió perfectamente: «Alguien siempre tiene que sacrificarse en ese rol. En el pasado, fueron Chris Bosh o Kevin Love. Esta vez, fue él».
James había dejado atrás su ego, había aceptado ceder protagonismo, y el equipo estaba funcionando. Pero ahora, con las lesiones de Doncic y Reaves, el Rey tendrá que volver a ser el Rey absoluto, cargando quintetos que carecen casi por completo de manejo de balón y creación de tiro. Es un retroceso cruel al pasado, pero sin las piernas de hace una década.
Durante dos décadas, cuando los equipos de James enfrentaban problemas, la solución era siempre la misma: darle el balón, abrir la cancha y dejarlo encontrar el mejor tiro. Pero ahora hay una pregunta incómoda flotando en el aire: ¿puede LeBron, que ha lucido saludable las últimas cuatro a seis semanas, todavía superar a sus defensores en el uno contra uno en media cancha?
Windhorst señaló que gran parte del daño que James ha causado durante la remontada de los Lakers en la segunda mitad de la temporada ha sido en transición, donde sigue siendo muy efectivo. Pero los playoffs son otro animal: ritmo más lento, defensas más ajustadas, menos espacios para correr.
«Me encantaría poder ver a LeBron tener una serie vintage», dijo un segundo ejecutivo del Oeste. «Pero me temo que los equipos que ganen el play-in podrían darle una mejor serie a Oklahoma City y San Antonio de la que los Lakers pueden darle a Houston sin Reaves y Luka».
Un pronóstico sombrío para la postemporada
La realidad es que los Lakers están ante un panorama desalentador. Construir un escenario donde puedan vencer a Houston sin dos de sus tres mejores jugadores requiere ignorar la brecha de talento, la juventud y energía de los Rockets, y las limitaciones físicas de un LeBron de 41 años, por más extraordinario que siga siendo.
Las semanas finales de la temporada regular siempre traen situaciones atípicas, y el rendimiento de los equipos no siempre es predictivo de lo que pasará en playoffs. Pero las lesiones de Doncic y Reaves no son una tendencia pasajera ni un mal momento: son distensiones de Grado 2 que probablemente los mantendrán fuera de la cancha cuando más se los necesita.
Los Lakers pueden soñar con que LeBron tenga una última explosión de grandeza, con que los jugadores de rol eleven su nivel y con que Houston se congele en los momentos decisivos. Pero los insiders de la liga tienen claro que eso es más un milagro que un plan. Y en los playoffs, contra equipos como Houston, los milagros no suelen alcanzar.