La realidad golpeó duro en Boston. Después de caer por sexta vez en los últimos siete partidos, Steve Kerr dejó de lado cualquier optimismo tibio y aceptó lo inevitable: los Warriors van directo al play-in. Sin vueltas, sin eufemismos. «¿Podemos prepararnos para el play-in? Vamos a estar en el play-in. Lo sabemos», declaró el entrenador campeón tras la dolorosa derrota 120-99 ante los Celtics.
No fue solo la derrota lo que duele. Es el contexto completo. Golden State cayó a la décima posición de la Conferencia Oeste, medio juego detrás de los Portland Trail Blazers, con un récord de 33-36 que refleja una temporada de altibajos constantes. Y lo peor es que Kerr sabe perfectamente que no hay margen para escalar posiciones de manera realista.
El técnico fue brutalmente honesto: «Teníamos los ojos puestos en el sexto lugar durante un tiempo. Eso está fuera de discusión ahora. No vamos a llegar allí. Si podemos encadenar algunas victorias, intentar llegar al octavo, eso sería ideal. Tener dos chances de entrar a los playoffs. Pero no vamos a llegar al séptimo. Lo sabemos».
Una caída en picada sin Stephen Curry
Los números no mienten y cuentan una historia desoladora. Golden State está a 8.5 juegos de Denver Nuggets y ese codiciado lugar entre los seis primeros que garantiza un boleto directo a playoffs. También están a seis juegos de los Phoenix Suns, séptimos en el Oeste. La matemática es cruel: con solo 13 partidos restantes en la temporada regular, la escalada es prácticamente imposible.
El punto de quiebre fue clarísimo. La noche que Stephen Curry se ausentó de un partido ante Detroit por problemas persistentes en su rodilla derecha, los Warriors tenían un récord de 27-22. Desde entonces, el equipo se desplomó con marca de 6-13. Sin su estrella, la franquicia de San Francisco simplemente no encuentra el rumbo.
La derrota en el TD Garden fue un reflejo perfecto de este momento sombrío. Una paliza de 21 puntos donde Jaylen Brown y Jayson Tatum combinaron para 56 puntos, exponiendo todas las debilidades defensivas de un equipo que luce perdido. Pero Kerr, veterano de mil batallas, señaló que lo preocupante no fueron solo las estrellas rivales, sino los errores matizados, las faltas perezosas en el tercer cuarto y la propensión a ser superados por cortes hacia el aro.
La esperanza se llama Curry (otra vez)
Si hay un rayo de luz en medio de tanta oscuridad, ese es Stephen Curry. El base estelar ha estado fuera los últimos 19 partidos por esa molestia en la rodilla derecha, pero viajó con el equipo en esta gira por el Este y ha estado intensificando su trabajo en la cancha. Incluso realizó algunos ejercicios con contacto leve mientras estaba en Boston, y existe esperanza interna de que pueda participar en un scrimmage antes del final de la gira, lo que abriría la puerta para su regreso antes de que termine marzo.
Kerr está apostando todo a ese regreso: «Tenemos que estar preparados para cuando recuperemos a nuestros jugadores, cuando Steph regrese, cuando Moses [Moody] y Al [Horford] vuelvan. Si estamos preparados cuando regresen, podemos hacer algo de daño y lograr una racha. Pero no podemos tener errores en el plan de juego, tenemos que construir mejores hábitos, bloquear rebotes, cuidar el balón en transición».
La estrategia ahora pasa por apuntar al octavo lugar. Los LA Clippers, actuales octavos, perdieron tres partidos consecutivos y dejaron la puerta entreabierta. Golden State está a un juego de distancia y, casualmente, enfrentarán a los Clippers en el último día de la temporada regular. Alcanzar esa posición les garantizaría un partido de local en el play-in, dos oportunidades para ganar un juego y, al menos, la chance de evitar al primer clasificado Oklahoma City Thunder si logran avanzar.
Pero falta casi un mes para ese encuentro decisivo. Mientras tanto, los Warriors están en modo supervivencia, tratando de construir buenos hábitos y mantener la cabeza en alto aunque su destino esté prácticamente sellado. Como dijo el forward Gui Santos con resignación: «Sabemos que no importa si ganamos 13 partidos o perdemos 13 partidos. Vamos a estar jugando en el play-in».
Steve Kerr, múltiple campeón como jugador y entrenador, conoce el negocio mejor que nadie. Sabe que a veces hay que tragarse el orgullo y aceptar la realidad tal como es. Los Warriors, una dinastía reciente que conquistó cuatro títulos en ocho años, ahora deben conformarse con mendigar una plaza en el torneo de clasificación. La caída es dura, pero Kerr prefiere la honestidad brutal antes que vender humo.
La pregunta ya no es si llegarán al play-in, sino si podrán construir algo de momentum cuando Curry finalmente regrese. Porque en la NBA, como bien sabe Kerr, importa más cómo llegas que cuándo llegas. Y ahora mismo, los Warriors están llegando golpeados, disminuidos y con más dudas que certezas rumbo a la postemporada.