Los Charlotte Hornets pusieron punto final a una deuda pendiente. En una emotiva ceremonia realizada el jueves por la noche durante el entretiempo del partido ante Orlando Magic, la franquicia de Carolina del Norte retiró el número 30 de Dell Curry, convirtiéndolo oficialmente en leyenda inmortal del equipo. Su camiseta colgará para siempre en las vigas del estadio, junto al de Bobby Phills, como tributo permanente a quien fuera la primera selección de los Hornets en el draft de expansión de 1988.
Curry, actualmente comentarista de televisión del equipo, conocía la noticia desde hacía dos meses. Pero cuando llegó el momento, la emoción lo superó. «No puedo agradecerles lo suficiente por esto. Soy solo un chico de campo de Grottoes», dijo Dell, mencionando su pueblo natal en Virginia. «No tenía idea de que esto estuviera sucediendo. Solo jugaba al básquetbol porque lo amo y ahora tener mi camiseta en estas vigas junto a Bobby, no puedo explicar lo agradecido, bendecido y afortunado que soy de estar aquí en este momento».
La ceremonia contó con la presencia de sus hijos Stephen y Seth Curry, ambos actualmente jugadores de los Golden State Warriors, además de su hija Sydel, su esposa Nicki, su madre Juanita, seis nietos y varios directivos de la organización. Fue una noche familiar en mayúsculas, el tipo de evento que trasciende el deporte y se convierte en patrimonio emocional de toda una ciudad.
El legado de un tirador histórico
Dell Curry no fue una estrella al uso, de esas que encabezan titulares cada noche. Fue algo mejor: un profesional modelo, letal desde la línea de tres puntos, y el alma de una franquicia durante una década completa. Pasó 10 de sus 16 años en la NBA vistiendo los colores de Charlotte, y cuando se marchó como agente libre tras la temporada 1997-98, era el último jugador original que quedaba en la plantilla.
Los números hablan por sí solos. Cuando Dell dejó a los Hornets en 1998, era el líder histórico de la franquicia en partidos jugados (701), puntos anotados (9,839) y triples convertidos (929). Hoy, casi tres décadas después, todavía mantiene el récord de partidos disputados y es segundo detrás de Kemba Walker tanto en anotación como en triples. No está mal para alguien que se define como «un chico de campo».
En 1994, Dell ganó el premio al Sexto Hombre del Año de la NBA, un reconocimiento que captura perfectamente su esencia: el tipo que aceptaba salir del banco porque el equipo lo necesitaba, pero que cuando entraba a la cancha era capaz de incendiarla. Charlotte ha sido su hogar durante casi 40 años, y esa conexión se sintió en cada segundo de la ceremonia.
Más que un jugador, un embajador eterno
Lo que hace especial el retiro del número de Dell Curry no es solo lo que hizo con el balón en las manos. Es lo que ha representado para esta comunidad desde entonces. Tras colgar las zapatillas, Dell nunca se alejó. Participó en eventos comunitarios de los Hornets, trabajó brevemente como asistente técnico en el verano de 2007, y desde 2009 se desempeña como comentarista de televisión del equipo. Actualmente está en su undécima temporada en ese rol, trabajando junto a Eric Collins, quien precisamente fue el maestro de ceremonias del homenaje.
Según informó ESPN, Dell recibió tributos en video de su antiguo entrenador de secundaria Don Londes, de ex compañeros como Larry Johnson, Muggsy Bogues, Glen Rice, Kenny Gattison, Rex Chapman y Tim Kempton, de sus tres hijos y de su compañero de transmisiones Steve Martin. La lista de nombres refleja el respeto que generó dentro y fuera de la cancha.
«Quiero agradecer a todos ustedes, fanáticos», les dijo Curry a la multitud presente. «Me acogieron cuando era un chico de 24 años. Y me han apoyado a mí y a mi familia desde entonces». Palabras simples, directas, auténticas. Como él mismo.
La noche previa, durante una cena familiar íntima, fue cuando Dell realmente dimensionó lo que estaba por ocurrir. «Me puse un poco emocional pensando en ello», confesó el jueves antes de la ceremonia. «Esto es algo grande. Entiendo lo grande que es». Y vaya que lo es. No todos los días un jugador ve su número colgado para la eternidad.
Stephen Curry, que ya tiene su propio legado como máximo anotador de triples en la historia de la NBA, no dejó pasar la oportunidad de honrar a su padre en redes sociales: «Una noche especial para la familia Curry. El creador está en las vigas para siempre. Felicidades, papá».
Antes del partido, los Hornets organizaron una recepción privada a la que asistieron familiares, amigos y autoridades, incluyendo al gobernador de Carolina del Norte, Josh Stein, quien le entregó a Dell la Orden del Pino de Hoja Larga, uno de los más altos honores civiles del estado. Además, se realizó una donación a Boys & Girls Club of America en nombre de Curry.
Los copresidentes de los Hornets, Rick Schnall y Gabe Plotkin, lo resumieron perfectamente en un comunicado: «Dell Curry es sinónimo de los Charlotte Hornets, realmente personifica lo que significa tener ADN Hornets. El impacto de Dell se extiende mucho más allá del básquetbol. Su excelencia en la cancha, su liderazgo continuo y su profunda conexión con esta comunidad lo convierten en una figura fundamental en la historia de nuestra franquicia».
Un reconocimiento que trasciende generaciones
El retiro del número 30 cierra un círculo perfecto para Dell Curry y para los Charlotte Hornets. Es el reconocimiento formal a quien sentó las bases de lo que esta franquicia representa: compromiso, comunidad, profesionalismo. Mientras su jersey cuelgue en las vigas junto al de Bobby Phills, los fanáticos de Charlotte tendrán un recordatorio permanente de que las leyendas no siempre son los que gritan más fuerte, sino los que dejan huella más profunda.
Con seis nietos presentes en la ceremonia, Dell puede ver cómo su legado trasciende incluso el básquetbol. Stephen y Seth continúan la tradición familiar en la NBA, pero el verdadero triunfo es haber construido algo más grande que cualquier estadística: una familia unida y una comunidad que lo abraza como uno de los suyos.
Charlotte tiene ahora dos números en el techo de su estadio. Dos recordatorios de lo que significa vestir esos colores con orgullo. Y en el caso de Dell Curry, la certeza de que el niño de Grottoes, Virginia, llegó más lejos de lo que jamás imaginó, y lo hizo de la manera correcta.