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La impactante historia de vida de Jorge «Gigante» González

El formoseño, quien jugó en la Liga Nacional y fue elegido en el Draft, luchó durante toda su vida con los problemas de salud.

Jorge "Gigante" González
Jorge "Gigante" González, al lado del Presidente de la Nación Carlos Menem, en un partido a beneficio en 1989 (FOTOGRAFÍA: gentileza Nueva Rioja).

Emanuel Ginóbili fue el jugador que puso la bandera argentina en los primeros planos de la NBA. El escolta bahiense, seleccionado por San Antonio Spurs en 1999, comenzó su historia en la mejor liga del mundo en 2002 y la finalizó en 2018. En ese tiempo, levantó el trofeo Larry O’Brien en cuatro ocasiones. Sin embargo, José Ignacio Sánchez fue el primero en jugar en la competencia estadounidense. Y Jorge «Gigante» González, se transformó en el primero en haber sido elegido en el Draft.

Nacido el 31 de enero de 1966, en El Colorado, una ciudad de Formosa que se encuentra muy cerca de la frontera con Paraguay. Su infancia fue muy complicada. En primer lugar, formaba parte de una familia con escasos recursos. Todos los integrantes hacían esfuerzos grandes para poder alimentarse día a día.

Y como si esto fuera poco, padeció acromegalia desde su nacimiento. Esto significaba que el cuerpo producía hormona del crecimiento por encima de sus posibilidades. Por eso, a los 16 años ya medía 2,15 metros de altura y pesaba 170 kilos. Y eso que dos años antes, a los 14 de edad, la altura era de 1,88M y la balanza indicaba 90 KG.

Los problemas no lo dejaron en paz en ningún momento de su vida. De todos modos, fue encontrando en la adolescencia aquellas actividades que le permitían salir adelante en un contexto muy complicado. La pelota naranja fue la primera salida hacia un momento en el cual pudo darse la oportunidad de vivir con mejores comodidades.

EL TIEMPO CON LA NARANJA

Su primera incursión en el básquet se concretó gracias a la aparición Oscar Rozanovich, un viajante de comercio chaqueño que se lo cruzó un día en Formosa. A su vez, tenía un contacto cercano con los directivos del Hindú Club de Resistencia. Por ende, se hizo el arreglo para que Jorge «Gigante» González tuviera sus primeras experiencias en el deporte.

Con 16 años, el interno formoseño llamó la atención de León Najnudel, el padre de la Liga Nacional de Básquet. En ese momento, era también el entrenador de la Selección Argentina. Y al ver la altura del joven de Hindú Club de Resistencia, llamó inmediatamente a las autoridades de Gimnasia y Esgrima de La Plata para que lo incluyeran dentro del equipo profesional.

Su debut oficial en el alto rendimiento fue en la temporada 1983-84. Era un jugador de enorme estatura y que tenía una buena mecánica de lanzamiento. Esta era la combinación perfecta de cualidades para un centro que llamaba la atención por su increíble talla. Y con apenas 17 años de edad, se encargó de ayudar al Lobo platense a lograr esa misma campaña el ascenso a la segunda división (más adelante llamado «TNA» o «Liga Argentina»).

Luego de ese gran arranque, León Najnudel volvió a mostrar su interés en Jorge «Gigante» González. En esta ocasión, para llegar a un acuerdo con Gimnasia de La Plata y hacer un traspaso que permitiera la llegada del oriundo de El Colorado a Sport Club de Cañada de Gómez. Desde la campaña 1986-87, el interno se empezó a desarrollar en la joven y prestigiosa Liga Nacional.

Para esa temporada, el formoseño ya conocía al prócer del torneo de la máxima categoría del básquet profesional argentino. En 1985, León Najnudel lo convocó para disputar el Sudamericano en Medellín, Colombia. A la par de su crecimiento en Sport Club de Cañada de Gómez, comenzó a ganarse un lugar dentro del Seleccionado Nacional. Las buenas noticias iban apareciendo de a poco.

Al principio, le llevó mucho tiempo la adaptación de Jorge «Gigante» González al ritmo de juego en el conjunto santafesino. Luego de haber disputado cuatro partidos, sufrió una rotura de ligamentos en la rodilla derecha que lo dejó afuera por nueve meses.

Sin embargo, se desquitó en la temporada 1987-88 y deslumbró en cada cancha con sus habilidades para jugar tanto dentro como fuera de la pintura. Su promedio en aquella fase regular fue de 22,3 puntos y 10,9 rebotes por encuentro. Asimismo, fue convocado para el Preolímpico de 1988, en Montevideo, donde tuvo una actuación trascendental. Con la casaca celeste y blanca, llegó a registrar 27 puntos por partido, pese a que Argentina no haya podido clasificarse a los Juegos Olímpicos de Seúl.

Estos números despertaron el interés de un nombre importante: Richard Kaner. El jefe de scout de Atlanta Hawks en Europa vio el compacto con las jugadas del oriundo de El Colorado en el Preolímpico de 1988. Y después, se lo envió al entrenador de la franquicia en ese año, Mike Fratello. Y este, al propietario de la franqucia, Ted Turner. Entonces, el famoso propietario norteamericano envió a un emisario al territorio argentino para poder comunicarse con el interno.

De esta forma, Jorge «Gigante» González dejó su huella en el básquet de nuestro país al convertirse en el primer jugador de todos los tiempos en ser elegido en el Draft de la NBA. En 1988, Atlanta Hawks lo seleccionó en el puesto 54, el cuarto de la tercera ronda. El dato de color fue que también estuvo Hernán «El Loco» Montenegro en esa camada. Philadelphia 76ers se hizo con sus derechos tres lugares más abajo, en el 57.

El interés del conjunto de Georgia generó que González tuviera su primera excursión a Estados Unidos. En ese viaje, buscó ganarse un lugar en un plantel repleto de figuras, como Spud Webb, Dominique Wilkins, Doc Rivers y Kevin Willis. Para poder entrenar, la franquicia le hizo un contrato de 100 mil dólares, una suma ilusionadora para esa época. Pero ese contrato no estaba garantizado, ya que dependía de los avances de Jorge con el correr de las prácticas.

Sin dudas que el «Gigante» dejó buenas sensaciones en Atlanta, por su técnica de lanzamiento y su capacidad para jugar en el poste bajo, tanto en ataque como en defensa. Tampoco se podía dejar atrás su dominio en la carga de los rebotes y la reacción de los encargados del scouting al descifrar que calzaba 56 y medio en las zapatillas.

No obstante, su principal problema fue el sobrepeso, debido a que la balanza superaba los 200 kilos. Y los dirigentes se pusieron muy estrictos al determinar que debía bajar hasta 140 en cuestión de meses. Más allá de sus notables intentos, no pudo cumplir con el sueño de vestir la camiseta de los Hawks en la mejor liga del mundo.

UN GIGANTE CON ATRIBUTOS DE TITÁN

Luego de un tiempo en Atlanta, Jorge «Gigante» González regresó con el fin de continuar su carrera en la Liga Nacional de Básquet. Para la campaña 1988-89, vistió nuevamente la camiseta de Sport Club de Cañada de Gómez y contribuyó con la permanencia en la máxima categoría. Es más, le ganaron el partido definitorio a Boca Juniors, enviando así al Xeneize a la segunda división.

Después, formó parte de un partido a beneficio que se llevó a cabo en el Luna Park. Esa noche estuvo presente Carlos Saúl Menem, Presidente de la Nación en 1989, y se sacó una foto con el oriundo de El Colorado. La diferencia abismal de estatura entre ambos fue un detalle que transformó esa imagen en viral y recorrió todo el mundo.

Más adelante, Jorge «Gigante» González tomó la decisión de ponerle un punto final a su carrera basquetbolística. Es que le había llegado una propuesta para protagonizar torneos de lucha libre. El llamado fue de Ted Turner, el mismo que lo había buscado para entrenarse con Atlanta Hawks. Esta vez, para que empezara a disputar la World Championship Wrestling. El contrato equivalía a tres años y una suma de dinero que le permitía ilusionarse con un estilo de vida más estable.

Es así que comenzó a presentarse a las peleas de la WCW, las cuales tenían una gran repercusión a nivel internacional. Bajo el apodo de «El Gigante», arrancó a ganarse el cariño del público, no solo argentino, sino también estadounidense. Al mismo tiempo, tuvo la oportunidad de recorrer las ciudades más populares de Estados Unidos, con el objetivo de ir desarrollando su trayectoria en su nueva profesión.

Su imagen pública creció cuando realizó apariciones en distintas series norteamericanas. Entre ellas estaba «Baywatch», en la cual llegó a compartir un momento en pantalla con Pamela Anderson durante el transcurso de un capítulo. La fama comenzaba a incrementarse y las oportunidades especiales volvían a aparecer en la vida del nacido en Formosa. Inclusive, llegó a competir en veladas de wrestling en Japón y se transformó en el primer argentino de todos los tiempos en estar presente en el Campeonato intercontinental de la WWF (conocida hoy en día como la WWE).

Sin embargo, los problemas de salud nunca lo dejaron en paz, y siempre funcionaron como palos en la rueda que obstaculizaban su camino. Además de la acromegalia, se le diagnosticó «diabetes» como consecuencia de su exceso de peso. Y a todo esto, se le sumó el fallecimiento de su madre en 1993. Dos golpes bajos que obligaron a que «Giant» González se retirara de la lucha libre en 1995.

UN TRISTE FINAL

La historia de Jorge «Gigante» González genera un nudo en la garganta, cada vez que se la recuerda. Pasó sus últimos años en esa pobreza que buscó superar desde sus primeros años de vida. En cuestión de poco tiempo, esa fama que pudo conseguir en un lapso de su trayectoria, se transformó en un olvido profundo que lo dejó afuera de las cámaras. La CAB (Confederación Argentina de Básquetbol) trató de hacer eventos solidarios para recaudar fondos que significaran una ayuda para su recuperación. Pero los esfuerzos no fueron suficientes.

A su vez, los problemas de salud avanzaron a toda marcha, a tal punto que terminó viviendo sus últimos tiempos en una cama. Las fuerzas estaban desapareciendo, lo que provocaba que el oriundo de El Colorado estuviera en reposo durante las 24 horas de los siete días de la semana.

Finalmente, el 22 de septiembre se confirmó su fallecimiento con tan solo 44 años. Su deceso generó un dolor inmenso, ya que se trató de la partida de un hombre que luchó contra todo tipo de adversidad durante toda su vida. Jorge «Gigante» González dejó su huella en el básquet argentino y en las competencias de lucha libre, no solo por su llamativa estatura, sino también por su capacidad para derribar barreras que fueron muy difíciles de superar.

 

 

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