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04/06/2000

La remontada detrás del histórico alley-oop entre Kobe y Shaq

La conexión entre Bryant y O'Neal se dio tras una remontada de 15 puntos. Un triunfo histórico que permitió el pasaje a las finales del 2000.

El alley-oop entre Kobe y Shaq fue sólo una parte del histórico game 7 entre Lakers y Blazers (FOTOGRAFÍA gentileza Getty Images).
El alley-oop entre Bryant y O'Neal fue sólo una parte del histórico game 7 entre Lakers y Blazers (FOTOGRAFÍA gentileza Getty Images).

«Kobe to Shaq!», proclama el relator mientras se consuma uno de los alley-oops más recordados de la historia. Un puente aéreo que conectó a las dos estrellas marcándoles el camino a un mejor porvenir. La era de los tempranos 2000’s con tres anillos consecutivos y cuatro apariciones en finales al hilo bajo la atenta mirada de Phil Jackson. Sinónimo de tierra prometida para dos de las máximas leyendas de la NBA.

 

La acción, aún sin contexto, es de las más atractivas que sucedió en la historia de los Playoffs. Sale de una buena defensa a Scottie Pippen (2,03 mts) por parte de Ron Harper (1,98 mts), anteriormente compañeros en los Chicago Bulls de Michael Jordan. Continúa con un rebote de O’Neal, que conecta con Bryant a través de un pase de mano en mano de Glen Rice para el escolta.

El perimetral avanza hasta campo rival y luego penetra. Al llegar a la pintura observa: se acerca Rasheed Wallace para la ayuda y tiene dos opciones. Una de ellas, matemáticamente mejor: abrir para un triple. La otra, superior moralmente: Shaq avanza por su costado derecho y queda liberado tras la decisión de Sheed. Tiene un instante para decidir, pero él ya sabe que hacer. Tira la pelota al aire y encuentra al pivote. Segundos más tarde se produce el estruendo más fuerte de la noche.

El Staples Center explota porque el dueño de casa toma la mayor ventaja a su favor. Señal de regreso a las finales después de nueve años. Broche hollywoodense en un escenario especial.

EL CONTEXTO

El alley-oop entre Bryant y O’Neal cobra una dimensión mayor cuando es contextualizada. La franquicia californiana llevaba casi una década sin volver a los Playoffs, una racha negra que contrastó con el Showtime de Magic Johnson. El experimento pivote-escolta corría riesgo. Era el cuarto año del tándem reunido y había una necesidad de éxito o cambiar de rumbo. La mezcla de eliminaciones a manos de Jazz (1997 y 1998) y Spurs (1999) se combinó con la mala relación del par. Había interrogantes por doquier.

Sin embargo, la llegada de Phil Jackson para la 1999-00 trajo calma. El equipo ganó 67 de los 82 partidos de la fase regular para ser el mejor del oeste. La ofensiva del triángulo sirvió para conectar a los eslabones que giraban alrededor del dúo y al mismo par. Posteriormente, el elenco angelino sorteó a Sacramento Kings (3-2) y Phoenix Suns (4-1) para meterse en la definición regional.

Allí esperaba Portland, que tenía a un equipo veterano pero lleno de potencial. Scottie Pippen lideraba un largo listado de jugadores con vasta experiencia para pelear por el anillo. El combinado de Oregon llegó a estar 3-1 por detrás, pero igualó gracias a un triunfo en casa como posterior sorpresa en territorio enemigo. Una levantada que reavivó a los fantasmas alrededor de Kobe y Shaq.

De esta manera, todo quedó por definir en la noche del domingo 4 de junio del 2000.

UN INICIO COMPLICADO

La ventaja de localía no se sintió en los primeros 36 minutos de juego. Portland abrió la noche con un juego muy inteligente en defensa y desde allí construyó su ventaja. Rasheed Wallace (30) comandó el goleo de la visita, aunque recibió menor apoyo al de juegos anteriores. La diferencia no fue mayor a 15 puntos al iniciar el último cuarto porque sólo Steve Smith (18) pudo acompañar a Sheed.

Con un +15 a menos de 12 minutos por jugar, la fe angelina parecía desaparecer. Bryant apenas había anotado cuatro puntos en el tercer cuarto. O’Neal no consiguió sumar en el período a pesar de disputar los 12 minutos. Sólo unos chispazos de Glen Rice y Ron Harper (combinaron 9 de los 18 tantos del equipo en el pasaje) mantuvieron con vida al dueño de casa.

UN CIERRE DE LUJO

Se dice que los mejores jugadores brillan en los momentos más calientes y complicados. Ahí fue cuando O’Neal convirtió ese potencial de leyenda en leyenda activa. Como si nada hubiese pasado en el cuarto anterior, jugó uno de los mejores tramos de su vida. Obligó a otro histórico como Arvydas Sabonis a salir de la cancha con seis faltas personales y castigó en la pintura. Detrel Schrempf, el reemplazante natural del lituano, debió jugar el tramo final frente al gigante.

La reacción de O’Neal contagió al resto. Primero a sus compañeros y luego al público. Bryant asumió el rol de anotador y encajó tres tiros de media distancia. Brian Shaw, quien era suplente para Jackson, clavó dos triples vitales que inyectaron todavía más confianza. El último de ellos desde 7,62 metros para igualar la historia en 75 a falta de cuatro minutos para el cierre.

Portland intentó, pero sólo Wallace pudo anotar mientras el partido no tuvo a un claro ganador. La visita sintió el peso en las piernas como en la cabeza por dos vías: por no haber liquidado la historia cuando estaba en alza; y por tener que ejecutar ante un rival más vivo que nunca. Misión imposible.

Kobe Bryant anotó los siguientes cuatro puntos y, a falta de 41 segundos en el reloj, encontró a Shaquille O’Neal para el histórico alley-oop. Una jugada que en su debido contexto es recordada como lo que es: una de las mejores que se vio en la NBA.

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