Los Juegos Olímpicos de Berlín 1936 vinieron acompañados de muchísima polémica. Tuvieron en el centro de la escena, figurativamente y literalmente, a Adolf Hitler. A tres años de la muerte del presidente Paul von Hidenburg, fue el canciller y mandamás de Alemania. Un país que había quedado humilllado tras el desenlace de la Primera Guerra Mundial y el Tratado de Versalles. En el oscuro nacismo encontró la manera de revitalizar a la nación a base de la búsqueda de su hegemonía aria y blanca. Persiguió a todo aquel que se oponía a su posición.
Con una Alemania en alza, recibió el visto bueno para organizar los Juegos y en 1934 propuso añadir al básquetbol al programa olímpico. Tras el visto bueno del Comité Olímpico Internacional (COI), todo se empezó a organizar para el debut de uno de los deportes más seguidos del Juego Olímpico.
Sin embargo, aquel básquetbol olímpico distaba mucho del que se conoce en la actualidad. El primer evento se desarrolló al aire libre, en canchas de tenis de polvo de ladrillo con aros de básquetbol a sus extremos. Un escenario muy diferente a lo que había pensado James Naismith, creador de la disciplina en busca de un deporte que entretenga a sus alumnos en el crudo invierno en Massachusetts.
No había reloj de posesión, ni tampoco un tablero electrónico que indique el resultado como el tiempo restante. El tanteador se llevaba a cabo de manera manual en un cartel que indicaba el nombre de cada equipo y los puntos que llevaban. El tiempo se llevaba con un cronómetro en la mesa de control, algo que aún se puede ver en situaciones de problemas electrónicos en los partidos del presente.
A este escenario hay que añadirle una invitada histórica: la lluvia. Como los partidos no se jugaban en estadios techados, estaba la posibilidad de jugar en un día lluvioso y al aire libre. Eso pasó en varios partidos del verano de Berlín, incluyendo en el partido por el tercer puesto entre México y Polonia. ¿La final? Pospuesta para el día siguiente por un fuerte temporal.

ESTADOS UNIDOS, EL CANDIDATO QUE INICIÓ SU HISTÓRICA RACHA
En Berlín 1936 hubo 21 equipos. El torneo iba a contar con 23, pero tanto Hungría como España (por su Guerra Civil) no se presentaron al evento. Egipto fue el representante africano en la Alemania de Hitler. Japón y Filipinas, el par asiático. El resto estaba distribuido entre Europa (Alemania, Bélgica, Checoslovaquia, Estonia, Francia, Italia, Letonia, Polonia y Suiza), la euro-asiática Turquía y América (Chile, Uruguay, Canadá, Brasil, México y Perú).
El que falta en el listado es Estados Unidos, que se esperaba que domine la competencia. Si bien Naismith era canadiense, el deporte había sido creado en territorio estadounidense. La mayoría de sus practicantes más desarrollados eran norteamericanos. Y los mejores certámenes locales radicaban allí. Lejos del desamparo de jugar al aire libre, pero con un amateurismo que bien podía ser profesional.
El equipo tenía a dos jugadores que luego darían que hablar en AAU (la competencia amateur no colegiada) como Duane Swanson y Bill Wheatley. También el par de Frank Lubin y Carl Shy, par saliente de UCLA, flamante campeón de la UCLA. Así, el cuarteto encabezaba al equipazo de James Needles, quien desarrollaba tareas de entrenador tanto en el básquetbol como el fútbol americano de NCAA.
UN FORMATO DIFERENTE
La idea inicial del torneo era tener a 23 equipos. Un equipo definido a la suerte (Filipinas) sería el único que evitaría la primera fase y los restantes 22 elencos participarían de una primera ronda de Playoff. El ganador de cada juego avanzaría a la siguiente instancia. Para completar la segunda ronda, a los 12 (11 ganadores + Filipinas) se sumarían cuatro equipos. Ellos saldrían de cruces entre los perdedores de aquella primera fase. Esa sería la ronda de consuelo.
Sin embargo, todo fue diferente con las ausencias de Hungría y España. El elenco europeo debía medirse con Checoslovaquia y el segundo con Estados Unidos. El par avanzó sin jugar a la segunda ronda, al igual que Filipinas. Desde allí un camino de eliminación simple para definir al campeón.
LOS CREADORES EN LA FINAL
Como era de esperarse, la final fue disputada entre Estados Unidos y Canadá. El primero dejó en claro su dominio desde el debut, un abultado 52-28 sobre Estonia. Sólo Italia, que humilló 58-16 al local, tuvo un mejor resultado en la instancia. Recibió un ‘bye’ en la tercera ronda, garantizando el pasaje a cuartos de finales. Luego aplastó a Filipinas (56-23) y controló a una México (26-13) que le presentó un juego lento para recibir la menor cantidad de puntos posibles.
Por su parte, Canadá fue de menor a mayor. Inició con un 24-17 a Brasil en la primera ronda. Esa diferencia de nueve también la tuvo ante Letonia (34-23) antes de machacar a Suiza (27-9). Tampoco tuvo problemas con Uruguay (42-22), ni Polonia (42-15) para garantizar su presencia en la definición.
La final se desarrolló bajo una lluvia torrencial en la tarde del 14 de agosto de 1936. Canadá llegaba en alza, pero en frente estaba el elenco con más puntos en el torneo. Al igual que México, la diferencia de físico lo obligó a jugar más lento para tener una posibilidad de ganar. Sumó ocho puntos en todo el encuentro. Joe Fortenberry, la figura estadounidense en el encuentro definitorio, anotó siete. El 19-8, justificado por un 15-4 en la primera parte, le dio a Estados Unidos la primera medalla de oro. Naismith le entregó las medallas a los integrantes del podio que completó México con su 26-12 sobre Polonia.
EL PLANTEL DE ESTADOS UNIDOS EN BERLÍN 1936
- Sam Balter
- Ralph Bishop
- Joe Fortenberry
- Tex Gibbons
- Francis Johnson
- Carl Knowles
- Frank Lubin
- Art Mollner
- Donald Piper
- Jack Ragland
- Willard Schmidt
- Carl Shy
- Duane Swanson
- Bill Wheatler
Entrenador: James Needles
POSICIONES FINALES
- Estados Unidos
- Canadá
- México
- Polonia
- Filipinas
- Uruguay
- Italia
- Perú
- Estonia
- Chile
- Japón
- Suiza
- Checoslovaquia
- Brasil
- Letonia
- China
- Egipto
- Alemania
- Bélgica
- Francia
- Turquía
Invitados que no participaron: Hungría y España.